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El
reconocimiento de beligerancia a las FARC 19-01-07 Adolfo
R. Taylhardat Comienzo pidiendo indulgencia a mis lectores por lo extenso de este
artículo. La importancia del tema exige cierto espacio para tratarlo con la
seriedad que requiere. Hace seis años publiqué en la Revista del IESA (Vol. 5, No. 3,
Ene-Mar 2008) un artículo titulado "Impacto del reconocimiento de la
beligerancia sobre la internacionalización del conflicto armado en Colombia.
Consecuencias para la guerrilla y para el gobierno". Lo que escribí en
aquella oportunidad adquiere ahora plena actualidad y validez. El viernes pasado el presidente Chávez dio un paso sumamente grave
en la conducción de las relaciones de Venezuela con Colombia cuando declaró
que "las FARC y el ELN no son ningún cuerpo terrorista sino ejércitos
que ocupan espacio en Colombia" a los cuales "debe otorgársele
reconocimiento como fuerzas insurgentes que tienen un proyecto
político". Desde hace tiempo se especulaba acerca de la relación existente
entre Chávez y los grupos guerrilleros colombianos, particularmente con las
FARC. Esas especulaciones se basaban en indicios de diversa naturaleza que
adquirieron fuerza a raíz de los contactos que mantuvo con el jefe de las
FARC durante el proceso de mediación para la liberación de rehenes en poder
de ese grupo irregular. El viernes pasado Chávez fijó públicamente, ante el
mundo, una posición oficial con todos los alcances y las consecuencias que
conlleva desde el punto de vista del derecho internacional. Chávez ha
otorgado a los grupos narcoguerrilleros colombianos
la condición de beligerantes Para el derecho internacional el reconocimiento de beligerantes
solamente procede cuando un conflicto interno ha alcanzado la dimensión de
una auténtica guerra civil, es decir, cuando en un país una organización
rebelde domina de hecho una parte apreciable del territorio y se ha afirmado
en su lucha contra el gobierno central. Este no es el caso en Colombia. Este
reconocimiento de beligerancia a grupos irregulares alzados en armas contra
el gobierno legítimo de Colombia configura una abierta y descarada injerencia
directa en los asuntos internos de ese país. Pero significa también que
Chávez ha tomado partido a favor de los grupos terroristas en el conflicto
que durante tantos años agobia al vecino país. Chávez se ha convertido en
aliado de la narcoguerrilla colombiana. No vacilo
en calificar esa medida como un acto inamistoso hacia Colombia. Para las
autoridades legítimas de ese país los grupos guerrilleros terroristas son
enemigos internos a los cuales combate para preservar la institucionalidad y
el orden interno. Al otorgarles la condición de beligerantes a los
narcoterroristas Chávez los convierte en sujetos de derecho internacional. 5) Finalmente, es evidente que ninguno
de los grupos guerrilleros colombianos acata las normas internacionales de la
guerra en lo que se refiere al respeto por la población civil y el trato
hacia las personas que mantienen prisioneras. Son públicamente conocidos los
casos de secuestros, ejecuciones sumarias y otros excesos similares que
cometen los grupos colombianos alzados en armas. Evidentemente, con la liberación
de dos rehenes y su entrega formal a la Cruz Roja Internacional las FARC
persiguen proyectar la imagen de que respetan las reglas del derecho
internacional. Las revelaciones hechas por los rehenes recién
liberados, según las cuales las FARC mantienen a sus prisioneros encadenados
y sometidos a las más terribles humillaciones, son una prueba evidente de que
ese grupo terrorista viola flagrantemente las normas más elementales del
derecho humanitario. Por todo lo anterior, como señalé mas
arriba, el reconocimiento de beligerancia otorgado inconsultamente a los
grupos terroristas colombianos es una interferencia inadmisible en los
asuntos internos colombianos y constituye un acto inamistoso hacia el
gobierno y la población del país vecino. Una vez mas
queda demostrado que Venezuela no tiene una verdadera política exterior y que
la conducción de las relaciones internacionales es el resultado de las
iniciativas personales improvisadas del Presidente, quien, temerariamente y
sin medir las consecuencias y efectos de sus decisiones, compromete al país y
arrastra a su gobierno hacia situaciones sumamente peligrosas. Cabe preguntar si esta decisión, anunciada en el seno del
Parlamento, ante el cuerpo diplomático extranjero y difundida por los medios
nacionales e internacionales fue el resultado de un análisis serio,
responsable y de una evaluación de sus consecuencias y efectos
internacionales o fue sólo producto de una más de las improvisación
irreflexivas que acostumbra Chávez. Cabe también preguntar si este reconocimiento
de beligerancia a los grupos terroristas colombianos forma parte del precio
que se obligó a pagar para lograr la liberación de Clara Rojas y Consuelo
González. |
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