EL
OCASO DEL ARMA NUCLEAR
Por
Adolfo R. Taylhardat (*)
Durante la Guerra Fría las armas nucleares jugaron el papel central en
la política exterior y de defensa de los Estados Unidos y de la entonces Unión
Soviética, hoy Federación Rusa. Las doctrinas de disuasión que inspiraban esas
políticas impulsaron una desenfrenada e irracional carrera de armamentos
nucleares que mantuvo a la humanidad bajo el riesgo de que cualquier crisis
internacional pudiera desembocar en una confrontación nuclear. Los esfuerzos
por abolir las armas nucleares eran desestimados con el argumento de que no es
posible "desinventar" lo que ya está inventado y que por lo tanto las
armas nucleares seguirían existiendo porque no se puede suprimir el
conocimiento y la tecnología que las creó. A quienes abogamos por el desarme
nuclear se nos calificaba de ingenuos o idealistas.
En los años recientes se han dado
pasos importantes en el campo del desarme nuclear que han permitido conjurar el
peligro de la hecatombe nuclear. Evidentemente, esos pasos son principalmente
resultado del fin de la guerra fría, pero también han sido impulsados por el
esfuerzo sostenido de los países no nucleares y por la presión de la opinión
pública internacional. Gradualmente se ha venido logrando, como se dice en los
medios diplomáticos del desarme, "meter de nuevo al genio malvado dentro
de la botella".
La Opinión Consultiva de la Corte
Internacional de Justicia, de Julio de
1996, que declaró "contrarios al Derecho Internacional" el uso
o la amenaza del uso de las armas nucleares y confirmó la obligación de las
potencias nucleares de negociar de buena fe el desarme nuclear para alcanzar un
resultado concreto, representa un respaldo valioso a los esfuerzos en favor del
desarme nuclear. El Tratado para la Prohibición de las Pruebas Nucleares
concluido en septiembre de 1996 constituye un elemento fundamental de esos
esfuerzos al proscribir cualquier tipo de ensayo que pudiera servir para
perfeccionar los armamentos existentes o desarrollar nuevos artefactos explosivos
nucleares.
En la Conferencia de Desarme de
Ginebra los países no nucleares continúan librando la batalla por el desarme
nuclear. Con ese fin propugnan, como medida de corto plazo, la conclusión de un
tratado que prohiba la producción de material fisionable para ser utilizado en
la fabricación de armas nucleares. A mediano plazo exigen la adopción de un
programa global que en una primera etapa contemple un compromiso de carácter
universal, legalmente vinculante, mediante el cual todos los países se empeñen
en lograr la eliminación total de las armas nucleares. En una segunda etapa se
concluiría un tratado que establecería medidas concretas, pasos graduales y un
cronograma para suprimir totalmente las
armas nucleares.
La Comisión de Camberra para la Eliminación de las Armas Nucleares,
creada en 1995 por el Gobierno de
Australia con la participación de destacadas personalidades civiles y militares
de diversas nacionalidades especialistas en la materia, ha propuesto las
siguientes de medidas "prácticas y realistas" que deberían ponerse en
ejecución de inmediato: levantar el estado de alerta de las fuerzas nucleares;
retirar las cabezas nucleares de los vehículos portadores; suspender el
emplazamiento de armas nucleares no estratégicas; continuar las negociaciones
ruso-norteamericanas sobre reducción de los arsenales nucleares; adoptar
compromisos de no-uso de armas nucleares contra países no-nucleares; y asumir
compromisos de no-primer uso.
Los Tratados sobre Reducción de
Armamentos Nucleares Estratégicos (START I y START II) representan también
importantes contribuciones hacia el objetivo del desarme nuclear. Sin embargo,
como su nombre indica, su objeto no es eliminar, sino reducir los
armamentos nucleares. Para el momento en que START II se encuentre en plena
aplicación los Estados Unidos y Rusia tendrán todavía desplegadas
respectivamente 3.500 y 3.000 cabezas nucleares. Por otra parte, el Tratado
START III que se proponen negociar Estados Unidos y Rusia permitiría que para
el año 2007 esos países conserven todavía entre 2.500 y 2.000 cabezas
nucleares.
Preocupa también la situación de los
países que se encuentran en el umbral de poseer el arma nuclear. El nuevo
Gobierno de la India, país que se ha negado a incorporarse al Tratado sobre la
Prohibición de las Pruebas Nucleares,
acaba de anunciar su intención de continuar el programa nuclear militar.
El contexto estratégico sobre el
cual se basaban los cálculos de guerra fría para justificar los riesgos y los
beneficios del armamentismo nuclear evidentemente ha cambiado radicalmente. El
ocaso de la era nuclear ha obligado a los estrategas militares y a los
diseñadores de políticas a reconsiderar los cálculos tradicionales acerca del
valor del arma nuclear. Las armas nucleares definitivamente han perdido su valor militar y político y no
sirven para atender las amenazas residuales de la guerra fría ni para afrontar
las amenazas emergentes a la seguridad. Pero hace falta todavía, de parte de
los gobiernos de las potencias nucleares y particularmente de la única
superpotencia supérstite, un esfuerzo de auténtica voluntad política para
avanzar a un ritmo más rápido hacia la eliminación total del armamento nuclear.
Si bien es cierto que no se puede desinventar lo inventado, un mundo en el cual
ningún Estado, aún conservando la tecnología para producirlas, posea armas
nucleares, será sin duda alguna un mundo mas seguro para todos.