EL MONTECHAVEZAZO

 

Por Adolfo R. Taylhardat

 

 

El año pasado este diario publicó un artículo mío titulado “Realismo mágico ... ¿o deuda de agradecimiento?.  (El Nacional, 29-12-00) Allí decía “el caso del fugitivo Vladimiro Montesinos cada día se convierte en una tragicomedia. Una rochela más de la quinta idem”.  Ahora el caso se ha convertido en una farsa de dimensiones dignas del genio teatral de Laureano Marquez para una obra que anticipadamente tiene asegurado el éxito en Venezuela y en el continente porque toda América esta muerta de risa con el ridículo que ha hecho este gobierno.

 

En aquel artículo dije también: “El caso, de por si grave desde el punto de vista policial, comienza a tomar características delicadas desde el ángulo diplomático”. Este ángulo alcanzó su climax con la decisión del Presidente Chávez de retirar nuestro Embajador en Perú y de presentar una protesta ante la Embajada peruana.

 

Según la Constitución el Presidente es el responsable de conducir las relaciones internacionales.  Pero esa atribución no puede ser ejercida caprichosa ni arbitrariamente. Tampoco puede estar sujeta a arranques de soberbia. Evidentemente los anuncios del Presidente se deben a la ofuscación originada en la develación de hechos que comprometen su gobierno en el caso Montesinos.

 

Cabe preguntar:  ¿Sabía el canciller que Chávez anunciaría el retiro del Embajador en Perú? Y si estaba enterado, ¿consultó la opinión de sus asesores en la Cancillería? ¿Se evaluaron las consecuencias y el impacto que tendría esa decisión?

 

Nuevamente estamos en presencia de una de esas actuaciones internacionales improvisadas del Presidente. Definitivamente, en el comportamiento internacional del país hay mucho de teatro, de circo, de capricho, de extravagancia, y ahora, de soberbia.

 

A escasos cinco días de la aprobación del “Acta de Carabobo”, que recoge los importantes resultados de la cumbre de la Comunidad Andina de Naciones, “en menos de lo que canta un gallo” Chávez provoca una crisis política dentro de la CAN. Al retiro del Embajador venezolano y al anuncio de la protesta se agregan otras circunstancias igualmente graves como son los términos irrespetuosos con los cuales se refirió a las autoridades peruanas y al Embajador peruano en Caracas. Todavía mas grave aún es la diferenciación que pretende establecer entre el actual gobierno del Perú y el futuro gobierno de Toledo. Cuando Chávez identifica a las autoridades integrantes del actual gobierno peruano de transición con el régimen de Fujimori incurre en una grave falta no solamente con ese gobierno sino con el pueblo peruano. Además, Chávez parece ignorar que Toledo ha invitado, entre otros, al actual Primer Ministro, Ministro de Relaciones Exteriores, Ex – Secretario General de las Naciones Unidas y Ex – Embajador en Venezuela, Javier Pérez de Cuellar a formar parte de su Gobierno.

 

En diplomacia, cuando surge una situación de tensión entre dos países hay una escala de medidas que deben ser agotadas en orden progresivo: primero es la protesta, luego el llamado a consultas del Embajador, luego el retiro del Embajador y finalmente la ruptura de relaciones. Chávez habló directamente de retirar al Embajador. Esta es una medida diplomática extrema, sumamente grave, que no se puede tomar de manera improvisada y mucho menos precipitada porque representa el umbral de la ruptura de relaciones diplomáticas.

 

Todo esto como resultado de una competencia absurda por lograr el reconocimiento de la autoría en la detención de un malhechor. El disgusto de Chávez con el Perú se debe a que fue la policía peruana, con el apoyo del FBI lo que permitió lograr el apresamiento y la subsiguiente expulsión de un delincuente que por mas de ocho meses había gozado de protección y encubrimiento en Venezuela.

 

taylhard@telcel.net.ve