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Él
mismito se mató 23-01-07 Adolfo
R. Taylhardat Todos nos preguntamos qué persigue Chávez con su actitud hacia
Colombia y hacia el presidente Uribe. Se han dado muchas interpretaciones,
pero creo que a medida que pasa el tiempo los objetivos de Chávez, no
solamente en lo que toca al presidente Uribe, sino hacia Colombia como país,
se vuelven cada vez más claros. Quedó demostrado que a Chávez le importa un comino la suerte de los
rehenes en manos de la guerrilla colombiana. Desde un comienzo se hizo
evidente que estaba utilizando la misión de mediador que le asignó Uribe para
darse una proyección nacional e internacional y de esa manera influir en los
resultados del referendo revocatorio. Pero más allá de ese interés inmediato, Chávez persigue un objetivo
de largo alcance que forma parte de su proyecto revolucionario bolivariano.
Él ha proclamado reiteradamente que su aspiración, como reencarnación de
Simón Bolívar, es recrear la fracasada Gran Colombia, pero esta vez bajo el
manto del "socialismo del siglo XXI". Es decir, construir una
"confederación de países andinos" controlados por gobiernos afectos
a él, comprometidos con el "proyecto bolivariano". Esto, a su vez
es un paso dentro de su ambición de crear una "Unión de Países
Suramericanos" (UNASUR), proyecto de más alcance todavía en el cual ha
logrado embarcar a países serios, como Brasil, que sí está comprometido
genuinamente en la tarea de impulsar la integración regional.
ALBA, PETROCARIBE, TELESUR, PETROSUR, son otras invenciones de Chávez
para ir avanzando en su empeño de convertir en realidad el sueño frustrado de
Fidel Castro de implantar en todo el continente regímenes copiados del modelo
cubano. En el mismo esquema entra también su empeño en entrar en MERCOSUR
para luego transformarlo en instrumento de su proyecto. Evidentemente, después de haber logrado que en Bolivia y Ecuador se
instauren gobiernos afines, Colombia es la siguiente pieza fundamental para
avanzar en su empeño de crear la Gran Colombia bolivariano-socialista.
Después vendría Perú, que sería presa fácil después que cayera Colombia. Evidentemente, la narcoguerrilla es una
pieza clavel dentro de este esquema. Está claro que
la insurgencia terrorista colombiana persigue un objetivo que encaja
perfectamente en el proyecto chavista. Ambos aspiran sustituir la democracia
colombiana con un régimen "revolucionario bolivariano" de corte
comunista. Chávez lo acaba de admitir públicamente cuando dijo ante la
Asamblea Nacional que las FARC y el ELN "tienen un proyecto
político-bolivariano que aquí respetamos". Él acostumbra emplear la
primera persona del plural para hacer creer que habla en nombre de muchos,
cuando en realidad se refiere a sí mismo. Cuando dice "aquí
respetamos" en realidad lo que quiere decir es que se trata de un
proyecto político que ambos (la guerrilla y él) comparten. Al pretender otorgarle status de beligerantes a la guerrilla
terrorista colombiana e invitar al resto del mundo a acompañarlo en ese
dislate, Chávez explicitó sus verdaderas intenciones. Su propósito era
fortalecer a las FARC (la referencia al ELN es de ñapa)
y debilitar al presidente Uribe para de esa manera acelerar la marcha en el
camino hacia la implantación en Colombia de un régimen identificado política
e ideológicamente con su "proyecto revolucionario". Afortunadamente ese plan se vino abajo, se derrumbó. La injerencia
de Chávez en el conflicto interno colombiano, su abierta y descarada
identificación con la narcoguerrilla terrorista
colombiana develó sus verdaderas intenciones y lo que ha logrado es todo lo
contrario a lo que perseguía. Las FARC han quedado debilitadas políticamente,
interna e internacionalmente, y el presidente Uribe, su gobierno y la
democracia colombiana han salido definitivamente fortalecidos. Es más, lejos
de atraer adeptos hacia su proyecto político, Chávez ha producido el milagro
de aglutinar a la sociedad colombiana alrededor de la figura de su Presidente.
Lo que hizo fue hacer vibrar la fibra patriótica de los colombianos. Hasta
los adversarios políticos más acérrimos de Uribe le han brindado total apoyo
frente a los despropósitos de Chávez. En Venezuela la gran mayoría de la población, incluidos muchos de
sus seguidores, se solidarizan con Colombia y rechazan la conducta
injerencista y subversiva de Chávez hacia la hermana república vecina.
Internacionalmente hasta países que él consideraba incondicionales, o han
guardado un silencio elocuente o se han desvinculado expresamente de su
maquinación. Como dice la canción, "él mismito se mató". Como sucede cada vez que sufre una derrota, Chávez, en su mentalidad
primitiva de soldado, reacciona contraatacando. Sus violentas agresiones
verbales contra el presidente Uribe, que el domingo pasado alcanzaron niveles
infamantes e ignominiosos, no son sino manifestaciones de soberbia que
revelan su frustración frente al fracaso. Indigno, triste peón del imperio, peón de Bush, peoncito imperial,
triste peón del imperio norteamericano, un hombre así no merece ser
Presidente, cobarde, mentiroso, cizañero, maniobrero, que mantiene fuertes
conexiones con el paramilitarismo, podría ser jefe de una mafia, Vito Corleone se quedó corto. Estas
son sólo algunos de los improperios que el domingo pasado le dirigió Chávez
al presidente Uribe. Como Uribe sabiamente evita caer en las provocaciones, Chávez,
molesto lo reta a reaccionar. Dice que no se atreve a hablar y hace que otros
lo hagan en su nombre. El pasado domingo lo increpó: ¿Uribe, por qué tú no
hablas? Todos deberíamos imitar al rey Juan Carlos y decirle: ¡Chávez, por
qué no te callas! Su decisión de militarizar la frontera ¿es amenaza o advertencia?
Definitivamente Chávez no logra separar su yo personal de su condición de
jefe de Estado. Un verdadero estadista siempre tiene la capacidad de
anteponer los intereses superiores del país que gobierna a sus sentimientos,
acciones y reacciones personales. Su soberbia, su indolencia, su
insensibilidad, su irreverencia, su agresividad rayan en la insania y nos
arrastra hacia zonas peligrosas. |
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