EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles
8 de abril de 2009
EL
HUNDIMIENTO DEL DERECHO
Adolfo R. Taylhardat
En su obra
"LOS JURISTAS DEL TERROR" su autor, Ingo Müller, narra cómo el régimen nazista de Adolfo Hitler
utilizó a los órganos de la justicia para perseguir a la disidencia. El título
de este artículo lo he tomado prestado de uno de los capítulos de ese libro
porque resulta apropiado para caracterizar el efecto de las sentencias dictadas
contra los comisarios y los agentes de la Policía Metropolitana. Esas
sentencias torpedearon y echaron a pique lo poco de legalidad que quedaba a
flote en Venezuela. El Estado de Derecho que los jueces tienen la obligación de
defender y proteger fue definitivamente abatido en Maracay el viernes pasado.
Coincido con
Manuel Caballero cuando en su artículo del domingo pasado dice que es
inelegante citarse uno mismo. Sin embargo algunas veces resulta pertinente.
El 17 de
noviembre del 2004 publiqué en este mismo diario un artículo titulado:
"Persecución judicial" (http://www.eluniversal.com/2004/11/17/opi_685_art_17491B.shtml) en el cual me referí a una carta abierta que el 21 de octubre de ese
mismo año 75 prestigiosos estadistas, políticos y eminentes personalidades
democráticas de diversos países le dirigieron al teniente coronel presidente y
a los entonces presidentes del TSJ y de la Asamblea Nacional exteriorizando la
preocupación de la comunidad internacional por el empleo de los órganos del
Poder Judicial como instrumentos de amedrentamiento y persecución política y
por la tergiversación de la justicia para formular imputaciones infundadas,
sentenciar y encarcelar a ciudadanos que no han cometido otro delito que
defender la democracia. En aquella ocasión escribí: "El hecho de que la
carta de los demócratas del mundo está dirigida al mismo tiempo a los titulares
de los tres principales poderes públicos evidencia que sus autores saben que
aquí no hay separación de poderes y muchos menos autonomía o independencia de
los mismos. En abierta violación de la Carta Democrática esos tres poderes
actúan como la Trinidad, tres personas o entidades que se confunden en una sola
que pretende decidir la suerte y el destino de todo un pueblo". El 21 de
diciembre de 2007 publiqué otro artículo titulado "La justicia como
instrumento de persecución política" (http://www.eluniversal.com/2007/12/12/opi_685_art_la-justicia-como-ins_12A1256055.shtml) en el cual escribí lo siguiente: "Han transcurrido tres años y la
situación denunciada por los autores de aquella comunicación no sólo no ha
mejorado sino que ha empeorado. El régimen emplea la justicia y sus órganos
como herramienta para perseguir y torturar psicológicamente a quienes adversan
el 'proyecto bolivariano', para amedrentar a quienes disienten del empeño de
Chávez de implantar en Venezuela un régimen copiado del modelo de Cuba y para
subyugar a un pueblo en estado total de indefensión".
Iván Simonovis, los comisarios Henry Vivas y Lázaro Forero, los
agentes de la Policía Metropolitana, el general Usón,
Henrique Capriles, Enrique Mendoza, Leopoldo López,
Gustavo Azócar, Patricia Poleo, Nixon Moreno, Manuel
Rosales, el general Baduel, son sólo algunas de las
víctimas de esa odiosa persecución política. Pero también los numerosos
compatriotas que han tenido que recurrir a la clandestinidad, exiliarse u
obtener asilo en otros países para proteger su propia libertad y la de sus
familias.
El desenlace
del juicio a los comisarios y los agentes de la PM y la detención arbitraria
del general Baduel han puesto una vez más en
evidencia el grado de sometimiento, la carencia de autonomía y el envilecimiento
que impera dentro del poder judicial. La mejor prueba de ello son las
expresiones de regocijo del teniente coronel presidente por las condenas
impuestas por la jueza Calderón.
Aquellas 75
personalidades que desde los cuatro puntos cardinales subscribieron en octubre
de 2004 la carta denunciando el empleo en Venezuela de la justicia como
instrumentos de cacería política deberían alzar nuevamente su voz para exigir
que se ponga fin a la ignominia, la iniquidad y la perversidad que impera en el
sistema judicial venezolano.
Esas
sentencias monstruosas y despiadadas que dictó la jueza Marjori
Calderón, luego de un juicio interminable en el cual se violaron todas las
normas procesales y se desconocieron los derechos más elementales de los
acusados, colocan a la justicia venezolana en un nivel sólo comparable con el
que prevaleció en la Alemania nazi de Adolfo Hitler. Los juristas venezolanos
del terror y quienes los manipulan no deben olvidar que, como ocurrió entonces,
las tiranías sucumben y más temprano que tarde la justicia vuelve a su cauce
normal y deberán responder por las infamias y los desafueros que han cometido.
No puedo
terminar este artículo sin ofrecerle a los comisarios y a los agentes de la PM,
a sus esposas y a sus familias nuestra solidaridad en estas circunstancias tan
terribles que confrontan. Lo mismo para el general Baduel.