El gusano magnicida
El canciller acaba de anunciar
la cancelación del viaje de Chávez a Nueva York para asistir a la Asamblea
General de las Naciones Unidas "por razones de
agenda y seguridad".
Las razones de
agenda las comprendo. En cualquier momento se puede presentar un imprevisto que
obligue a modificar la agenda programada. El argumento de la seguridad, en cambio,
resulta fantasioso como muchas otras cosas que acostumbra decir el canciller.
Chaderton sirvió
en la Misión Permanente de Venezuela ante las Naciones Unidas y ha participado
en numerosas sesiones de la Asamblea General. Sabe bien que cada año, cuando se
efectúa ese magno evento mundial en el cual participan Jefes de Estado de
muchos países, Nueva York se convierte en la ciudad más segura y protegida del
mundo. Las autoridades federales, las de Nueva York y los servicios de
seguridad de Naciones Unidas asumen con toda seriedad la enorme responsabilidad
que significa brindar protección a los numerosos Jefes de Estado y de Gobierno
y a los innumerables Ministros que llegan a la ciudad sede de la Organización para
intervenir en el debate general. Esa protección abarca a todos los gobernantes
visitantes, desde los más perversos tiranos, como Mugabe u otros similares de estas
latitudes, hasta los más demócratas, cualquiera sea el tamaño del país que representen.
Esas medidas de
seguridad se han vuelto mucho más severas a raíz del odioso atentado del 11-S y
de la monstruosa agresión contra las Naciones Unidas en Bagdad donde perdió la
vida un brillante diplomático brasilero al servicio de la Organización.
Desde hace algún tiempo se
viene hablando de una presunta conspiración magnicida contra Chávez, confabulada
desde la República Dominicana. Esta semana fracasó el intento de cometer esa
fechoría empleando una novedosa arma biológica consistente en un gusano
venenoso.
Cuando, refiriéndose
a la cancelación del viaje de Chávez, Chaderton dijo: “debemos estar cuidando,
previendo cualquier circunstancia que pueda ocurrir en cualquier parte del
mundo que nos pueda afectar” (El Universal, 18-09-03), seguramente teme que los
conspiradores detrás del plan tiranicida pudiesen burlar las medidas de
seguridad e introducir subrepticiamente el gusano magnicida en Nueva York. Además,
allí el riesgo es mayor porque Chávez no podrá contar con el auxilio de un heroico
médico “barrio adentro” que le salve nuevamente la vida.