EL GRAN DILEMA

 

Adolfo R. Taylhardat

 

Votar o no votar. Esa es la cuestión.  Nunca un pueblo se enfrentó a una disyuntiva tan  compleja como la que presentan las elecciones regionales. En cualquiera de los dos casos se juega el futuro democrático del país. Como dice el refrán popular, “si no te agarra el chingo te agarra el sin nariz”.

 

Después de la trampa del 15 de agosto los venezolanos demócratas hemos quedado embargados por una profunda desconfianza hacia el CNE. Son muchos los que por rabia, desilusión o frustración dicen que no van a participar en las elecciones regionales. Cada día hay nuevas evidencias de cómo el voto Si fue convertido en voto NO y viceversa. Hasta el electorado oficialista debería estar avergonzado por la manera como ha sido timada la voluntad de un pueblo.

 

Ya está montado de nuevo el aparato para manipular las elecciones regionales. El CNE viola o interpreta la Ley del Sufragio y Participación Política a su antojo y a la conveniencia del gobierno.

 

Es verdad que ir a votar en esas condiciones es un suicidio estilo kamikaze.

 

Pero dejar de votar seria también una auto-inmolación. Estaríamos renunciando al sagrado derecho del voto, contribuiríamos a acelerar la cubanización de nuestro país y dejaríamos el campo libre para que Chávez imponga sus candidatos para extender a la administración descentralizada el control que ya ejerce sobre el gobierno central y todo el poder público.

 

Ante ese gran dilema solo hay dos alternativas: dejar de votar o ir a votar.

 

Para que dejar de votar tenga impacto político tiene que ser total. Tendríamos que dejar de votar todos los venezolanos que rechazamos el “proceso revolucionario bolivariano”  Habría que hacer  de la abstención la demostración contundente del rechazo a las violaciones de la LSPP que ha cometido y está cometiendo el CNE.

 

Esto sería realizable si estuviéramos ante una elección de alcance nacional. Tratándose de elecciones regionales, a esta altura no resulta posible un consenso nacional en torno a la abstención total y la abstención individual sólo contribuirá a debilitar aún más la oposición.

 

Queda solo la alternativa de votar. Todos debemos acudir el 31 de octubre a votar por el gobernador, el alcalde y los consejeros regionales que queremos ver rigiendo los destinos de nuestra localidad. Si de nuevo nos hacen trampa quedará comprobado que quienes controlan el CNE no tienen escrúpulos para burlar la voluntad del pueblo.

 

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