El GRAN DAño a la integración
Adolfo
R. Taylhardat
El caso Granda ha tenido un impacto demoledor
sobre la credibilidad internacional del gobierno de Hugo Chávez y ha mermado
irremediablemente la confianza en Venezuela como socio económico y comercial. No
sólo como resultado del enorme embrollo
que ha originado el caso, particularmente en lo que se refiere a las relaciones
con Colombia, sino porque ha puesto en evidencia la inconsistencia de la
vocación integracionista del presidente.
La Constitución de 1999 contiene las pautas que
deben regir la conducta del Gobierno en materia de integración. El artículo 153
dice que la República “promoverá la integración latinoamericana y caribeña en
aras de avanzar hacia la creación de una comunidad de naciones” La misma norma establece que las “normas que
se adopten en el marco de los acuerdos de integración serán consideradas parte integrante del ordenamiento legal
vigente y de aplicación directa y preferente a la legislación interna”
Estas disposiciones le dan un carácter casi
sagrado a todo lo que se refiere a integración, sobre todo la integración
subregional.
Sobre esto han publicado artículos muy sensatos
los expertos venezolanos en integración Beatriz de Majo, Eduardo Mayobre,
Gonzalo Carriles y Juan Pablo Sucre, entre otros. Todos coinciden en señalar
que una decisión unilateral de esa naturaleza conduciría a la imposición de
sanciones o contra-medidas por parte de los socios de la Comunidad Andina.
Evidentemente, antes de llegar a ese extremo deben
funcionar los mecanismos de solución de controversias que el propio esquema
andino contempla. Esto explica el interés activo que ha tomado el Gobierno de
Perú, actualmente presidente de la CAN, en contribuir a resolver la crisis
colombo-venezolana. Esa misma preocupación ha movido a los Presidente Fox (G-3),
Lula, Lagos y Kirchner (Mercosur) a ofrecer sus buenos oficios para ayudar a
Chávez a sacar las patas del barro en que las ha metido.
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