EL GIGA-FRAUDE
Adolfo
R. Taylhardat
El diccionario de la Real Academia define el
fraude como una “acción contraria a la verdad y a la rectitud que perjudica a
la persona contra quien se comete. En su segunda acepción consiste en un “acto
tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros.
Por donde quiera que se la mire, la propuesta
presidencial de modificación de la Constitución Nacional es un gran fraude. Es
el padre de todos los fraudes. Un fraude monstruoso, una verdadera acción
contraria a la verdad y la rectitud destinada a perjudicar a toda la
ciudadanía. Es un acto grotesco en el cual se eluden las disposiciones de la
Constitución para perjudicar a la población. Sobre todo al sector popular de la
población al cual, por su naturaleza bondadosa e incauta, se le quiere inducir a
aceptar, sin conocer todos sus alcances, una serie de cambios a la Constitución
cuyos alcances no llega a percibir. Pero también al sector cultivado de la
ciudadanía que, por desidia no ha leído las propuestas o, si las ha leído no
las ha entendido a cabalidad. Las propuestas del presidente, ahora “enriquecidas”
con las adiciones de la Asamblea Nacional, son una verdadera caja de sorpresas.
Cada vez que uno las relee descubre nuevas atrocidades.
La primera manifestación del fraude radica en el
procedimiento o el camino a través de cual se quiere impulsar la iniciativa,
pretendiendo enmarcarla dentro del artículo 342 de la Constitución vigente como
si se tratara de una simple “reforma” que no afecta ni la estructura ni los
principios fundamentales del texto constitucional. ¡Esto es una gran mentira! La propuesta
presidencial va mucho más allá de la simple reforma. Es en el fondo, como lo han
dicho expertos constitucionalistas, una nueva Constitución que se pretende
imponerle al pueblo utilizando la “vía rápida” el “fase track” que contempla la
Carta Magna para tramitar las revisiones parciales o la simple sustitución de
algunas de sus normas.
Otra manifestación del fraude consiste en que,
a través de la incorporación de aparentemente inofensivas modificaciones,
supresiones o adiciones puntuales a la Constitución lo que se persigue es transformar
totalmente al Estado venezolano. Todas esas modificaciones, tomadas en su
conjunto, apuntan a un solo objetivo, convergen hacia el fin último de
convertir a Venezuela en un Estado Socialista. Para que no quede duda, basta
señalar que la propuesta del presidente usa expresamente la expresión “Estado
Socialista” en los artículos 138 y 318
Cuando el presidente y sus seguidores
incondicionales, comenzando por la caterva de pseudos-diputados que integran la
Asamblea Nacional, afirman que la propuesta de Chávez no afecta ninguno de los
artículos del Primero al Noveno que componen el Capítulo I de la Constitución Nacional,
están diciéndole al pueblo, desvergonzadamente, otra gigantesca mentira.
Si se llegan a aprobar los cambios que propone
Chávez, nuestro país dejará de ser una República soberana e independiente
fundamentada en “los valores de libertad, igualdad, justicia y paz”, como lo
establece el Artículo Primero de la Constitución. Este es el primer atentado
que se cometería contra los principios fundamentales contenidos en el Título I
de la Carta Magna. Pero también dejará de ser un “Estado democrático y social
de Derecho y de Justicia” basado en la vida, la libertad, la justicia, la
igualdad, la solidaridad, la
democracia, la responsabilidad social y la preeminencia de los derechos
humanos, la ética y el pluralismo político” como lo consagra el Artículo Segundo,
con lo cual se cometería otra violación de los principios fundamentales que
rigen la existencia del país. Además, dejará de ser un Estado federal
descentralizado como lo dispone el Artículo Cuarto cometiéndose otra violación
flagrante de los principios fundamentales. También si se llega a aprobar la
propuesta presidencial se habrá cometido una grosera violación del Artículo
Quinto según el cual “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo
quien la ejerce directamente… mediante el sufragio”. Según la propuesta de
Chávez el pueblo dejaría de ser el titular y se convertiría en simple
depositario de la soberanía y no la ejercería directamente sino a través de los
Consejos Comunales, los cuales, serían designados desde la cima del poder.
Otra pieza del fraude consiste en la manera
como se ha realizado al nivel público la discusión, si es que se puede llamar
así, de la propuesta presidencial. A las concentraciones, parlamentos de calle,
asambleas de ciudadanos convocadas con ese propósito sólo pudieron asistir los
“rojo rojitos” para que aplaudieran y manifestaran su aprobación. Pero sabemos
que muchos de los que asistieron participaron en esas pantomimas fueron llevado
obligados y bajo amenaza de perder sus puestos. Cuando algún representante de
la disidencia tuvo el valor de hacerse presente para intentar expresar su
desacuerdo con la modificación de la Constitución, resultó, humillado, insultado
y en algunos casos agredido físicamente.
Otro componente del fraude es la precipitación con
la cual se llevó a cabo la discusión de la propuesta presidencial en el seno de
la Asamblea. A pesar de que con forme a la Constitución el Parlamento un disponía
de un “plazo no mayor de dos años” contados desde la fecha en que recibió la
propuesta (15 de agosto), conduciéndose como una verdadera aplanadora el
“parlamento” la despachó en menos de dos meses. Todo para que el CNE la reciba
a tiempo y pueda tener 30 días para organizar el referendo.
Otra manifestación del fraude, es la
arbitrariedad y el abuso que caracterizó la discusión del proyecto presidencial
en la Asamblea. Las autoridades del Parlamento rechazaron la solicitud de la
disidencia para que las modificaciones a la Constitución se sometan a consulta
popular separadamente o agrupándolas por materia. El argumento esgrimido fue
que el dueño de la propuesta, el presidente, es él el único que puede disponer
de ella en la forma que lo desee. Sin embargo la Asamblea no solamente no se
limitó a tramitar la propuesta presidencial en la forma como lo dispone la Constitución,
es decir, a discutirla y a mejorarla si fuera el caso, sino que, excediéndose
en sus atribuciones, agregó 36 nuevas modificaciones a las 33 propuestas
originalmente por Chávez.
Otro ingrediente del fraude consiste en que según
el cronograma anunciado, ayer, martes 30 debió concluir en la Asamblea Nacional
el trámite de la propuesta de modificación y de esa manera el referéndo para
aprobarla o rechazarla podrá realizarse el 2 de diciembre próximo. Como
resultado de esto la ciudadanía dispondrá de escasamente un mes para conocer,
analizar, digerir y familiarizarse con la propuesta de modificación de la Constitución.
Los venezolanos, sin tener plena conciencia de ello, se verán obligados a
convalidar un fraude contra ellos mismos y contra la institucionalidad
democrática.
Estos son sólo algunos de los aspectos de la
modificación de la Constitución que, junto con otros que el espacio disponible
no nos permite, configuran un monstruoso giga-fraude que se está fraguando contra la buena fe de los venezolanos, incluidos los
simpatizantes del “proceso” que todavía conservan algunos vestigios de ideales
o convicciones democráticos.
Generalmente
se piensa que un Golpe de Estado consiste en un atentado o una asonada contra
un gobierno o un régimen establecido. Pero la Carta Democrática Interamericana
es clara cuando dice en su artículo 1º. “Los pueblos de América tienen derecho
a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. Esto
significa que también constituye Golpe de Estado cualquier acto o acción de un
gobernante que viole el derecho del pueblo a vivir en democracia, entre ellos
la perpetuación en el poder mediante la manipulación y el violentamiento de las
normas constitucionales.
Se
comete un Golpe de Estado contra el pueblo, contra la Constitución, contra la
institucionalidad democrática, cuando el gobernante, utilizando fraudulentamente
los mecanismos y procedimientos constitucionales y valiéndose de la buena fe,
de la ingenuidad, la inadvertencia y
hasta de la ignorancia del ciudadano común, intenta imponer una forma de
Estado, un sistema de gobierno, una organización político territorial y una
ideología totalmente reñida con la idiosincrasia de la población, un sector
considerable de la cual no alcanza a percibir el impacto o las consecuencias
que para el país, para la familia y para cada individuo tendrá el cambio que se
quiere dar a la nación.
Con la instauración de la dictadura neo-comunista
que se implantaría si llegaran a aprobarse las propuestas de modificación de la
Constitución se iniciará la etapa más negra de la historia de nuestro país.
Todo ello producto del envanecimiento y la altanería de quien detenta el poder
y de los peleles que le obedecen y lo siguen ciegamente. Con toda seguridad,
dentro de las filas del chavismo hay muchos compatriotas que están concientes
de esto y no están dispuestos a servir de cómplices para que el gobierno en el
cual depositaron su confianza y su apoyo cometa este impúdico fraude. Hay
tiempo para que sumen su voz a la de la gran mayoría de venezolanos que
rechazamos el monstruoso Golpe de Estado que se está gestando contra la patria.
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