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09-01-07 Adolfo
R. Taylhardat Decir que las FARC son crueles y cínicas puede resultar una
perogrullada. Esas dos características de la organización narcoguerrillera son archiconocidas. Lo ha dicho muchas veces el presidente Uribe: las FARC son
mentirosas, a las FARC no se les puede creer, las FARC son tramposas. La
crueldad de las FARC se manifiesta casi a diario con secuestros y asesinatos.
También se hace patente en los constantes atentados terroristas y ataques a
la fuerza pública. Justo ahora, cuando finge participar en una operación
humanitaria, anuncia una "ofensiva general" para tratar de hacer
sucumbir la democracia colombiana. Pero el colmo de los colmos del cinismo ha sido el "gesto de
desagravio" a Chávez que contempla la liberación de tres rehenes entre
los cuales supuestamente se contaba el niño Emmanuel. La crueldad de las FARC
llega al extremo de intentar usar a una criatura inocente como ficha de
cambio en la farsa que montaron con el visto bueno de Chávez. Esto es un
crimen imperdonable. Esta vez el cinismo de las FARC las llevó a mentir no solamente al
presidente Uribe, a su gobierno, a los colombianos y a toda la opinión
pública internacional, sino que le mintieron descaradamente a su principal
aliado, Hugo Chávez, cuando le ofrecieran entregarle a Emmanuel, junto con su
madre y la ex diputada Consuelo González de Perdono, a sabiendas de que el
niño no se encontraba en su poder. Chávez, cayó en la trampa que él mismo se armó para buscar
protagonismo, de la cual no pudo salir. Ha quedado en ridículo ante el mundo
y ante las propias FARC. Mientras inventaban excusas para retardar la
información sobre las coordenadas del sitio donde debía efectuarse la entrega
de los rehenes -que si el mal tiempo, que si las actividades militares en la
zona- un emisario de las FARC trataba de recuperar al niño que dos años antes
había dejado en un hospital victima de paludismo, leishmaniasis,
desnutrición, diarrea aguda y quién sabe cuántas dolencias más. Pero ocurrió algo parecido a lo que sucedió en el caso del maletín
de los 800 mil dólares. Cuando estalla el escándalo del fraude que pretendían
cometer las FARC, el emisario, Crisanto Gómez, no solamente pidió protección
a las autoridades, sino que cantó. Confesó que no era ni el tío abuelo, ni el
padre, ni nada del niño. Dijo que en el 2005 miembros del "frente
primero" de las FARC -cuyos nombres y demás detalles proporcionó- le
habían entregado el niño porque su suegro, de origen indígena, es un
curandero y además, como tiene siete hijos, un octavo niño podía pasar
desapercibido. O sea que la hipótesis del presidente Uribe estaba requeteconfirmada cuando la planteó. Gómez reveló además
que las FARC lo amenazaron de muerte si no devolvía el niño antes del 30 de
diciembre. También dijo que las FARC le habían ofrecido dinero para la comida
del niño pero nunca le dieron nada. Pero ¿por qué las FARC se deshicieron del niño? El policía John Pinchao dijo que las FARC estaban molestas porque el niño
hacía mucho ruido. Pero debe haber habido algo más. Según cuenta el
periodista colombiano Jorge Botero, "el pequeño llegó al mundo en medio
de la precariedad de la selva. En el parto la rehén
apenas contó con la asistencia de un médico y una integrante del grupo
rebelde que fungió como ayudante. Debido a las condiciones extremas, sin
instrumentos técnicos… le practicaron una cesárea improvisada con un cuchillo
de cocina que desinfectaron con candela" (El Nacional, 06-12-08 Pág.
12). Según Pinchao, al bebé le partieron el brazo
cuando lo halaron mal al momento de nacer. Seguramente el bebé sufría
enormemente y lloraba incesantemente por el dolor que le causaba la fractura.
Los guerrilleros (supongo que contra la voluntad de la madre) decidieron alejarlo
del campamento para evitar que el llanto atrajera a las fuerzas de seguridad
del Estado. El niño se había convertido en un peligro para "el frente
primero". Todo esto origina otra interrogante: ¿Por qué las FARC ofrecieron
entregar un rehén que ya no estaba en su poder? La respuesta a esta pregunta
sólo podrá conocerse cuando liberen a Clara Rojas si es que efectivamente la narcoguerrilla cumple con el resto del gesto de
desagravio que le ofreció a Chávez. Seguramente contaban con recuperarlo a
tiempo. En su crueldad sin límites trataron de secuestrarlo para ofrecerlo
como parte del cambalache que todavía no se sabe cuánto representó para el
erario venezolano en términos de precio y costo de la logística. Lo cierto es que con el supuesto acto de desagravio tanto la
guerrilla como Chávez han quedado muy mal paradas. Uno no puede contentarse
con lo ocurrido hasta ahora, que ha impedido (retardado, esperamos) la
liberación de Clara Rojas y de Consuelo González. Todo el mundo daba como un
hecho la liberación de los rehenes. Pero también todo el mundo está contento
porque el desenlace ha servido para poner en evidencia, una vez más, el
cinismo y, pesar de la participación de Piedad, la despiadada crueldad de las
FARC, para desprestigiarlas todavía más y para poner también en ridículo a
Chávez. Pero también quedaron mal parados los gobiernos que se prestaron para
servir de "garantes" de la farsa montada por Chávez y la narcoguerrilla. Es triste constatar que gobiernos que
deberían comportarse seriamente se apresuraron a participar en ese vergonzoso
sainete. Afortunadamente, a pesar de las incidencias grotescas protagonizadas
por Chávez y por las FARC, esta tragicomedia ha tenido un final feliz. El
niño Emmanuel regresará pronto al seno de su familia genuina y en espera de
que liberen a la madre, los parientes de Clara Rojas podrán brindarle el
calor de hogar, el amor y los cuidados que desde que nació no ha podido
recibir. Las FARC, como Chávez, nunca admiten la derrota. Como en
aquella canción mexicana, nunca pierden y cuando pierden arrebatan tratando
de engañar haciendo aparecer la derrota como una victoria. Las FARC
reconocieron que el bebé encontrado por el gobierno es efectivamente
Emmanuel, pero dicen que fue el presidente Uribe quien lo secuestró. Es decir
que por arte de magia se lo arrebató de las manos a la guerrilla a pesar de
que no lo tenían en su poder. |
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