EL
UNIVERSAL
Opinión
– Miércoles 18 de marzo de 2009
El
350
Adolfo R. Taylhardat
Viendo cómo el resultado del referendo del 2 de
diciembre de 2006 ha sido desconocido groseramente por el régimen, cómo la
voluntad popular expresada en las elecciones regionales del 23 de noviembre es
burlada con el sabotaje a los gobernadores y alcaldes de la oposición elegidos
legítimamente, ante el ventajismo y el abuso de poder desplegados en el
referendo del 15 de febrero pasado y, ahora, frente a la decisión del teniente
coronel presidente de tomar por la fuerza los puertos y aeropuertos del país,
la gente se pregunta: ¿hasta cuándo vamos a seguir prestándonos para que se
burlen de nosotros cada vez que acudimos a las urnas electorales confiados en
que con nuestro voto lograremos salvar al país del desastre? Esta pregunta se
escucha cada vez más frecuentemente en estos últimos días. También adquiere
legitimidad la pregunta ¿qué podemos hacer para poner freno a esta embestida
contra la Constitución, contra el Estado de Derecho y contra nuestros derechos
fundamentales?
Las flagrantes violaciones de la Constitución que
se han producido en las últimas semanas hacen que mucha gente piense que la
solución es recurrir a las vías de hecho y desee un desenlace basado en la
fuerza. Sin embargo, la gran mayoría de los venezolanos -me cuento entre estos
últimos- rechazamos una salida de esa naturaleza porque con toda seguridad ello
acarrearía los mismos, o peores, males que los que queremos superar. Nuestra fe
democrática nos prohíbe desviarnos de la ruta pacífica y constitucional para resolver
los problemas que confronta nuestra sociedad.
Las recientes arremetidas contra la propiedad
privada, contra empresas productoras de alimentos, contra las organizaciones
sindicales, contra la descentralización y contra dirigentes de la disidencia han
provocado reacciones que parecieran presagiar el despertar de la conciencia
democrática de la ciudadanía. Los gremios, gobernadores, alcaldes, dirigentes
políticos, dirigentes sindicales, estudiantes, han formulado, siempre dentro
del marco constitucional y legal, pronunciamientos categóricos de rechazo a las
medidas que viene adoptando el régimen del teniente coronel presidente.
Ante la amenaza de crear la figura de una autoridad
única -un vicepresidente designado por el presidente de la República que estará
por encima del Alcalde Metropolitano con funciones similares a las que tuvo en
el pasado el gobernador del Distrito Federal- las autoridades que integran el
Consejo Metropolitano de Gobierno acordaron desconocer cualquier autoridad que
no haya sido elegida por el pueblo. Esta decisión se encuadra perfectamente
dentro del marco de lo legal y constitucional y debe recibir el respaldo
unánime de la ciudadanía, incluidos muchos militantes del oficialismo que en un
principio se identificaron con el proyecto del teniente coronel presidente pero
que ven cómo ese proyecto ha tomado un rumbo peligroso. La implantación de la
llamada "nueva geometría del poder" a pesar de haber sido rechazada por el pueblo el 02-12-06 persigue
neutralizar a las autoridades locales y consolidar el poder central como en los
fracasados regímenes comunistas europeos, hoy desaparecidos, pero que subsiste en
Cuba.
Pareciera que los venezolanos nos hemos olvidado del
artículo 350 de la Constitución. O peor aún, parece que nos produce rubor o
tenemos miedo de referirnos a esa importante norma de nuestra Carta Magna. Quizás
eso se debe a que el teniente coronel presidente logró inducir en la mente de
muchos ciudadanos la idea de que el recurso al artículo 350 es sinónimo de
insurrección o conspiración y ahora nadie se atreve siquiera a mencionar esa
norma constitucional.
Recordemos lo que dice ese artículo:
"El pueblo de
Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la
paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que
contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los
derechos humanos".
Pareciera que los constituyentistas
anticiparon lo que iba a ocurrir en
Venezuela. La norma es precisa y diáfana: cualquier ciudadano debe (no es un
derecho sino una obligación puesto que el lenguaje de la Constitución es
imperativo: desconocerá) rechazar, desconociéndolo, cualquier acto, cualquiera
decisión, de cualquier autoridad, que sean contrarias a la Constitución. Una
acción de desconocimiento realizada en ejercicio de ese mandato constitucional
no constituye, bajo ningún respecto una acto subversivo
o conspirativo.
Los valores, principios y garantías democráticas de
que habla el artículo 350 están siendo contrariados flagrantemente cuando se
asalta la propiedad privada, cuando se desconocen los derechos de los
trabajadores, cuando se atenta contra la descentralización, cuando se sabotea
la labor de las nuevas autoridades elegidas por el pueblo, cuando se ordena al
ejército y a la marina ocupar los principales puertos y aeropuertos del país y
cuando se amenaza con apresar a los gobernadores que se opongan a esa
arbitrariedad. Si efectivamente queremos impedir que el teniente coronel
presidente, burlándose de nosotros y despreciando la Constitución y la
legalidad, siga avanzando en su empeño de implantar en Venezuela un régimen
comunista, debemos, todos, recurrir sin rubor, sin miedo, al Artículo 350 de la
Constitución. Este es el instrumento, que la Carta Magna nos proporciona para
defender, por la vía pacífica, la institucionalidad democrática y debemos utilizarlo.
www.adolfotaylhardat.net