DIÁLOGO
Adolfo
R. Taylhardat
El 2005 fue, no vacilo en decirlo, tétrico para la democracia venezolana.
El comienzo de cada nuevo año generalmente sirve para definir nuevos propósitos, diseñar nuevos
objetivos y trazar nuevos caminos para superar problemas agobiantes. El inicio
del 2006 debería servir de oportunidad para intentar crear un consenso democrático
que restituya la paz y la armonía en nuestra sociedad.
Resulta entonces pertinente y
oportuno evocar lo que dijo la Misión de Observación Electoral de la OEA. Dijo
que había percibido en el país “un clima de polarización y tensión política”,
que “la convivencia política democrática en Venezuela sólo se podrá lograr
mediante la recuperación de la confianza” y que para ello se requiere “el
respeto y el reconocimiento mutuo que se construye a través de un dialogo
franco, inclusivo y de buena fe”. Dijo, además, que “sería altamente
beneficioso para la democracia venezolana si, a través de dicho diálogo, las
autoridades gubernamentales, los partidos políticos y la ciudadanía pudiesen
lograr, a la mayor brevedad posible, un nuevo consenso democrático”
La Misión de la OEA se adelantó proponiendo que la Agenda de ese diálogo incluya, entre otros
temas, “el fortalecimiento del principio de separación, independencia y
equilibrio de poderes, principio fundamental de toda democracia
presidencialista”. Con este simple señalamiento la OEA ha enfatizado a
los ojos de la comunidad internacional una realidad incontestable: el principal
padecimiento que aqueja a nuestra democracia es la naturaleza totalitaria del régimen
que se ha instaurado en el país.
Nadie puede estar en contra del
diálogo. Los
venezolanos estamos abiertos al diálogo siempre que sea, como dice la OEA franco, inclusivo y de buena fe, y no una nueva pantomima como las
mesas de diálogo del año 2001. Aquella experiencia hizo que los venezolanos perdieran confianza
en la institución del diálogo. Para restablecer la confianza cualquier nuevo intento
de negociar la paz
política y social debe ser precedido de un “cese de hostilidades”. Debe ponerse
fin a las agresiones contra la oposición, al acoso a los medios, restituir plenamente
el estado de derecho, otorgar la libertad a los compatriotas injustamente
encarcelados, respetar las opiniones y la integridad de quienes no compartimos el
proyecto político del régimen.
Solo así puede crearse el clima necesario para emprender el diálogo.
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