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Caracas, miércoles 08 de octubre de 2008 |
DICTADURA vs. DEMOCRACIA
Adolfo R. Taylhardat
En una
declaración ofrecida a la CNN poco después de haber sido expulsado de Venezuela José Miguel
Vivanco dijo que “no esperaba ser
expulsado porque esa es una acción propia de las dictaduras” pero agregó que cree que en Venezuela existe
democracia a pesar del atropello. Al mismo tiempo reconoció que el teniente
coronel presidente actúa con absoluta impunidad y poderes sin límites, pero que
“felizmente” en Venezuela hay elecciones y “felizmente perdió el último
referéndum”.
Llaman
poderosamente la atención las afirmaciones tan contradictorias de Vivanco, cuyo
Informe sobre la década de gobierno del teniente coronel presidente comenté muy
favorablemente en mi artículo del miércoles pasado (http://www.eluniversal.com/2008/10/01/opi_art_las-calumnias-de-hrw_01A2031129.shtml)
Por una parte admite que fue víctima de
un acto propio de una dictadura pero luego afirma que aquí todavía vivimos en
democracia. Dice que el personaje que nos gobierna actúa con absoluta
impunidad, pero atenúa esa afirmación diciendo que afortunadamente aquí hay
elecciones.
Reconozco que
aún dentro de la oposición Venezolana existen puntos de vista contrapuestos en
cuanto a si el régimen que nos ha sido impuesto es o no una dictadura.
En un artículo
anterior (http://www.eluniversal.com/2008/08/13/opi_art_dictador_13A1902803.shtml)
me referí a este tema. Personalmente no tengo dudas de que nos encontramos
sometidos a un régimen dictatorial. El hecho de que el teniente coronel
presidente haya sido elegido en comicios democráticos no le otorga una
legitimidad permanente. Tan es así que en su esfuerzo por despejar
incertidumbres pretende que los repetidos
eventos comiciales de dudosa transparencia que han tenido lugar en el país le han servido para “relegitimarse”.
La Carta
Democrática Interamericana es clara en cuanto a las condiciones que debe reunir
un gobierno para ser considerado democrático.
El artículo 3
de la CDI dice que los elementos esenciales de la democracia son, entre otros: el respeto a los derechos humanos y las
libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; el régimen plural de partidos y
organizaciones políticas y la separación
e independencia de los poderes públicos.
El artículo 4
señala que los componentes fundamentales
del ejercicio de la democracia son, entre otros: la transparencia de las actividades
gubernamentales, la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la
gestión pública, el respeto por los
derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa. El mismo artículo
agrega que el respeto al estado de derecho por todas las entidades y sectores
de la sociedad son igualmente fundamentales para la democracia.
Cabe
preguntar, si en el informe de Human Rights Watch se cuestiona la prevalencia
en Venezuela de todos esos elementos esenciales de la democracia y todos esos
componentes fundamentales del ejercicio de la democracia que enumera la CDI,
¿cómo se explica que apenas a los pocos días de haber presentado personalmente
ese documento Vivanco siga sosteniendo que el régimen venezolano es
democrático?
Lamentablemente el informe de HRW no abarca el año en curso.
Es en lo que va del año cuando se han puesto todavía más en evidencia la
naturaleza radicalmente dictatorial del régimen. El paquetazo de decretos leyes
para imponer de manera alevosa las reformas constitucionales que el pueblo
rechazó categóricamente el 2 de diciembre último; el empeño en transformar a
Venezuela en un país comunistas según el modelo cubano; la pretensión de convertirse
en presidente vitalicio; las inhabilitaciones ilegales e inconstitucionales de
que han sido víctimas numerosos líderes políticos de la oposición; la
corrupción galopante que impera en el régimen y particularmente en el alto
gobierno, que ha quedado requeteconfirmada con los testimonios vertidos en el
juicio sobre el maletín de los 800 mil dólares en Miami; los atropellos que se
cometen a diario contra figuras de la disidencia; los enigmáticos asesinatos de
jóvenes estudiantes supuestamente cometidos por sicarios; las nuevas amenazas y
agresiones contra los medios de comunicación social y contra trabajadores de
ese gremio, el empeño en militarizar a
la sociedad venezolana para incorporarla en un ejército que sólo responderá al
recién auto-designado comandante en jefe; la utilización del odio y la intimidación como
instrumento de política oficial, el ventajismo y el uso abusivo de los recursos
humanos, financieros y materiales del Estado son sólo algunos hechos que HRW no
alcanzó a tomar en cuenta cuando elaboró su serio, objetivo y enjundioso
análisis de la realidad política
venezolana en los diez años de gobierno “bolivariano”.
Un gobernante puede haber llegado al poder
legítimamente mediante una elección popular. Puede convocar cuantos eventos
electorales se le ocurran. Pero desde el momento en que se aparta de la
legalidad y del estado de derecho, y peor todavía, cuando traiciona y viola la
Constitución Nacional que se hizo hacer a su gusto y medida, pierde toda su
legitimidad y se convierte en un vulgar dictador. Aquello de “dentro de la
Constitución todo, fuera de la Constitución nada” ha quedado para la historia.
Ahora la consigna es: hago con este país
lo que me da la gana y la Constitución me la meto en el bolsillo trasero.
www.adolfotaylhardat.net