DELIRIOS DE GRANDEZA
Adolfo
R. Taylhardat
La capacidad de asombro de los venezolanos recibe cada día nuevos trancazos,
por no utilizar una mala palabra. No terminamos de recuperarnos de un desplante
del megalómano cuando tenemos que soportar uno nuevo.
Sus ansias de figuración lo llevan a proponer proyectos irrealizables
como el gasoducto que atravesaría Suramérica de norte a sur y, apenas ayer, un
tren trans-suramericano, desde Caracas hasta la Patagonia.
Ya había anunciado que su misión es salvar al mundo de la presunta hecatombe
que generarán el neoliberalismo y la globalización e implantar el socialismo
del siglo XXI. Lo repitió este domingo: “ese imperio muere este siglo para que
salvemos la humanidad”.
Todavía sigue empeñado en su pretensión de convertirse en el líder del
tercer mundo para emprender su propia jihad, una nueva guerra fría del Sur contra
el imperio norteamericano.
Ahora inventa otra quimera. El pasado viernes, en la localidad de Caña de
Azúcar en Maracay, seguramente extasiado por la grandiosidad del parque Henry
Pitier que acababa de visitar, Chávez fue objeto de otro rapto de delirio de
grandeza y anunció que convertirá a
Venezuela en una “potencia mundial”, en una “potencia en este continente”. Según él, “el 3 de diciembre comienza la
batalla de la Venezuela Socialista y comienza la siembra de las bases para la
Venezuela potencia”
Yo no dudo de que Venezuela, con todos los recursos de que dispone, desde
hace mucho tiempo pudo haber sido, no una potencia, pero si un país con un alto
grado de desarrollo donde los venezolanos disfrutáramos de una calidad de vida
mucho mas elevada en todos sus aspectos. Países con pocos recursos naturales
importantes, o sin ellos, como Japón y Suiza entre otros lo han logrado. La
pregunta que siempre nos hacemos los venezolanos y que nos hacen desde el exterior, cómo se
explica que, con tantas riquezas y con tantos recursos humanos, nuestro país,
en lugar de avanzar hacia el desarrollo, involuciona hacia el subdesarrollo.
En todo caso, los ocho años transcurridos bajo el gobierno
“revolucionario bolivariano” demuestran que no es precisamente Chávez quien hará
que el país despegue y emprenda vuelo para aproximarse al mundo desarrollado. En este tiempo Venezuela se ha des-desarrollado desde
todo punto de vista a pasos agigantados.
A la luz de esos antecedentes ese anuncio de Chávez nos causa honda
preocupación. Pareciera que cuando un
país del tercer mundo pretende convertirse en “potencia mundial” o en “potencia
regional” como ha sido en los casos de la India y Pakistán, el recurso más
expedido consiste en emprender un programa para dotarse de armas nucleares como
pretenden Irán y Corea del Norte precisamente en estos momentos.
Las actitudes desafiantes de Corea del Norte valiéndose de que posee
armas nucleares y ha desarrollado su propia industria misilística como que le
están sirviendo de inspiración a Chávez. El encompinchamiento con el Presidente
de Irán, país empeñado en continuar con su programa de enriquecimiento de
uranio que podría permitirle dotarse del arma nuclear, también alimenta nuestra
preocupación. El anuncio de Chávez de que adquirirá misiles de gran alcance es
un motivo adicional para estar seriamente preocupados.
Esperemos que todo eso no
pase de un simple delirio de grandeza. Si por alguna casualidad, en su obsesión
anti-norteamericana Chávez estuviera abrigando la idea de seguir los pasos de
Kim jong Il y dedicarse también al chantaje nuclear, debería tener presente que
Venezuela está situada en la zona libre de armas nucleares creada por el
Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe
(Tratado de Tlatelolco). Además, si su empeño en imitar a Cuba que emplazó
misiles nucleares en su territorio, Chávez no debe perder de vista que ya no
existe una Unión Soviética para protegerlo como ocurrió cuando obtuvo de John F. Kennedy la promesa de no invadir a aquel
país.
Sabemos que no hay que
prestarle atención a lo que dice Chávez sino a lo que hace, pero él debe
explicar a los venezolanos que quiso decir cuando afirmó que convertirá a
Venezuela en una “potencia mundial”.
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