EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 17 de diciembre de 2008
Adolfo R. Taylhardat
Utilizando el término beisbolístico que tanto emplea el teniente coronel
presidente, no cabe duda de que nos la puso "de bombita". El
miércoles pasado, durante los actos de conmemoración del aniversario de la
Fuerza Aérea, volvió a presentar la misma disyuntiva: "El que quiera que
Chávez se vaya que vote en contra de la enmienda. El que quiera que se quede,
que vote a favor "Esa bombita se la vamos a batear con un toletazo y
podremos corear con el perifoneador del partido: se
va… se va… se va… ¡se fueeee de joooon
rooooón!
El rechazo a su propuesta de enmienda de la Constitución, con la cual persigue
eternizarse en el poder, no implica que deba dejar el poder antes de completar
su actual período presidencial, es decir, en el año 2012. Es él quien se empeña
en convertir el referendo sobre la enmienda en un nuevo plebiscito. Ya lo hizo
con las elecciones regionales cuando dijo que votar por sus candidatos a
gobernadores y alcaldes era votar por él y que lo contrario era votar en contra
suya.
Él mismo nos da la oportunidad para decirle que queremos que se vaya. Eso si,
por la vía democrática y electoral que nos ofrece la Constitución. A menos que
en uno de esos arranques de soberbia a los que nos tiene acostumbrados, luego
del rechazo contundente que recibirá su enmienda el día del referendo, decida
abandonar el cargo. Muchas veces ha amenazado con irse. Esa amenaza
no infunde miedo, todo lo contrario, ojalá la cumpliera. Pero como siempre
habla para adelante y para atrás, sabemos que es una argucia más para
presentarse como víctima y exaltar la sensiblería de sus fantoches.
Felizmente, el rechazo a la enmienda crece cada día que pasa por
obra del mismo teniente coronel presidente. El ventajismo aberrante que
viene desplegando; sus arremetidas crueles y las imputaciones falsas
contra los gobernadores y alcaldes de la oposición elegidos el pasado 2 de
diciembre; la incorporación de ministros, gobernadores, alcaldes a su campaña
para atraer adeptos hacia su descabellada propuesta, todo ello se vierte contra
él. El fantasma de una nueva lista que vendrá a sumarse a las tristemente
conocidas y ampliamente repudiadas listas Tascón, Maisanta y Russián ya está
rondando. En las instituciones y entidades públicas circula una comunicación en
la cual se advierte a los funcionarios que están obligados a firmar para
promover la enmienda. Para comprar en los mercales hay que firmar. Quien se
niegue será incluido en "una lista".
Los venezolanos somos por naturaleza rebeldes. Nuestro orgullo personal rechaza
la sumisión y nos impide postrarnos aun ante el más encopetado. Por eso inspira
verdadera vergüenza ver cómo altos funcionarios, militares de alto grado no
vacilan en humillarse lacayunamente ante el teniente coronel presidente. Ahora
la orden no es "rodilla en tierra, sino "las dos rodillas en
tierra", caer de rodillas y besar las botas del inquilino de
Miraflores. Causa tristeza constatar cómo se inventan argumentos, se
tergiversa la verdad, se forjan mentiras, se fraguan interpretaciones seudo-legales y se inventan motivos pueriles para tratar de
justificar lo injustificable como aquella de que lo que se pide es sólo
"una enmiendita". Da náuseas el cinismo y la hipocresía de ministros,
gobernadores, altos funcionarios del gobierno que tejen enrevesadas
explicaciones para tratar de demostrar que la reelección indefinida
que rechazamos el 2 de diciembre de 2007 no es la misma que ahora se nos quiere
imponer. La impudicia de esos personajes no tiene parangón. Nos dio asco ver a
esos señores que integran esa pantomima que llaman Asamblea Nacional mancillar
el hemiciclo del Parlamento coreando "¡Uh! ¡Ah! ¡Chávez no se va!"
para celebrar la aprobación de la propuesta de enmienda. Ni siquiera en los
tiempos de los peores dictadores hubo en nuestro país personajes que llegaran a
un nivel tan bajo de rastacuerismo como el que hemos
presenciado estos últimos días.
Lejos de consolidar apoyo para el proyecto monarca-absolutista que
envuelve la propuesta de enmienda, ese comportamiento vasallo y sumiso de los
compinches del oficialismo más bien contribuye a su rechazo porque
presagia el país orwelliano, regido por una política
de propaganda, desinformación, negación de la verdad, manipulación de la
historia, desconocimiento del Estado de derecho, terrorismo oficial, en
que se quiere convertir a Venezuela.
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