¿Cual diálogo? (II)
A raíz de su elección en 1998 Chávez dijo: “los
demócratas venezolanos son unos idiotas (empleó una palabrota que no quiero
repetir) porque se dejaron quitar el gobierno en unas elecciones”.
Evidentemente, la ecuación inversa está igualmente fija en su mente: “Sería un
idiota si me dejara quitar el gobierno en una elecciones”.
Eso explica lo ocurrido el 15 de agosto. Desde
que comenzó la marcha hacia el RR Chávez montó su laboratorio de trampas
destinadas a impedir que lo revocaran. Se pensó que podía recurrir a una renuncia
anticipada, a un autogolpe, al desconocimiento de los resultados. Frente a eso
se pensó que la contundencia del SI lo haría desistir de su propósito. Nadie previó un fraude electrónico tan
maquiavélicamente montado y ejecutado.
Chávez habla nuevamente de diálogo. En otro
artículo titulado “¿Cual diálogo?” publicado hace exactamente dos años (EU
14-08-02), dije, y lo repito ahora, que los venezolanos rechazamos la polarización
que se nos ha impuesto desde la cúspide del poder y no estamos cerrados al
diálogo. Tampoco aceptamos participar en un diálogo cuya agenda y los participantes
sean escogidos por Chávez, como la
pantomima de las mesas de diálogo del año 2001. Sabemos por experiencia cuanto cinismo y cuanta hipocresía se esconde
detrás de ese llamado a la paz y a la concordia.
Cualquier esfuerzo para negociar la paz social debería
estar precedido de un “cese de hostilidades”. Chávez debe dejar de agredir a la
oposición y de acosar a los medios, restituir plenamente el estado de derecho,
devolver la autonomía al poder judicial para que se ponga fin a los juicios políticos
de tantos compatriotas, ordenar que cesen los asesinatos y que se respeten las
opinión y la integridad de quienes no compartimos su proyecto político.
El Aló Presidente de este domingo es la
respuesta anticipada de Chávez a esas exigencias. Debemos entonces prepararnos
para lo que viene. Pero no podemos renunciar al sagrado derecho del sufragio, a
menos que deseemos acelerar la cubanización de nuestro país. Debemos asumir las
elecciones regionales (¡manuales!) como un nuevo RR. Las ER deben servir para
demostrar que el 15A triunfó el SI y que fuimos víctimas de un fraude grotesco.
La derrota del gobierno en las ER será la mejor prueba de ese fraude. Por
encima de todo, debemos prepararnos para impedir el nuevo fraude que ya se esta
fraguando.