|
|
|
Caracas, miércoles 24 de septiembre, 2008 |
CON LA IGLESIA NO TE METAS
Adolfo R. Taylhardat
La protección que por razones humanitarias le había
venido brindando la Nunciatura al joven líder estudiantil Nixon Moreno, cambió
de naturaleza jurídica el 11 de junio último cuando la Santa Sede concedió oficialmente el asilo y la Nunciatura
Apostólica solicitó a las autoridades venezolanas el otorgamiento del correspondiente
salvoconducto para que Moreno pueda trasladarse al exterior.
El simulacro de parlamento que es la Asamblea
Nacional aprobó un acuerdo en el cual rechazó el asilo
otorgado a Nixon Moreno e instó a la Santa sede a entregarlo a la justicia
venezolana. La pregunta obligada es: ¿Qué vela
tiene la AN en este problema que es de la
competencia exclusiva del Ejecutivo y más concretamente de la cancillería?
Rompiendo con la larga e inveterada tradición
venezolana de respeto absoluto de la institución del asilo, el gobierno no ha
dado respuesta a la solicitud de salvoconducto para Moreno. Empleando el
consabido argumento que en casos similares acostumbran esgrimir los regímenes
dictatoriales, el gobierno, por boca del canciller, alega que Moreno no es un
perseguido político sino “un delincuente involucrado en muy serios delitos”
entre los cuales supuestamente figuran los de “intento de violación” e “intento
de homicidio” (El Universal, 20-09-08, Pág. 1-4).
Por otro lado, pareciera que en este caso pudiera
prevalecer la cordura y el buen juicio. Al menos eso es lo que podría esperarse
de la declaración de Nicolás Maduro cuando dijo “Vamos a tratar directamente con las autoridades del Vaticano
el caso de Nixon Moreno”. Esta afirmación pareciera indicar que el gobierno
estaría dispuesto a negociar una salida
honorable.
En ese “trato directo” con la Santa Sede el gobierno tiene dos alternativas: la
primera, la más deseable, consiste en otorgar el salvoconducto como
corresponde. La segunda sería negarlo insistiendo en que Nixon Moreno es un
delincuente común, en cuyo caso se topará con la firme posición de la Nunciatura
que no dará marcha atrás en la
calificación que ya ha dado al caso. Esto último podría significar que Moreno
deberá permanecer un tiempo todavía mucho mayor en la sede de la Nunciatura.
Si se diera
esta última situación, el gobierno debe tener muy presente el precedente
del famoso caso de Víctor Raúl Haya de la Torre, dirigente del APRA peruano, quien
permaneció largo tiempo asilado en la Embajada Colombiana en Lima.
Sometido el caso a la Corte Internacional de
Justicia de La Haya ese alto órgano jurisdiccional de las Naciones Unidas, en sentencia de 13 de junio de 1951 confirmó una
previa decisión de fecha 20 de noviembre de 1950 y estableció lo siguiente:
1)
Que
el Estado que concede el asilo no está obligado a entregar el refugiado a las
autoridades locales.
2)
Que
el gobierno peruano no había demostrado que los hechos por los cuales
se acusaba el asilado fueran delitos comunes.
3)
Que
el asilo debía concluir, pero que el gobierno de Colombia no estaba obligado a
entregar al refugiado a las autoridades peruanas.
4)
Que
la entrega del refugiado no es la única manera de poner fin al asilo “La
Corte – dice la sentencia - no puede dar consejos prácticos sobre los métodos
que convendría seguir para poner fin al asilo pues, si lo hiciera, se apartaría
de su función judicial. Sin embargo, puede presumirse que las partes están en
condiciones de hallar una solución práctica satisfactoria inspirándose en
consideraciones de cortesía y buena vecindad”. (Ojalá que en el caso de
Nixon Moreno se pueda lograr, como recomendó en aquella oportunidad la CIJ, una
solución práctica inspirada no solamente en consideraciones de cortesía, sino
sobre todo en las razones humanitarias que constituyen la esencia de la
institución del asilo)
La CIJ estimó por unanimidad que el asilo concedido
a Víctor Raúl Haya de la Torre el 3 de enero de 1949 debía terminar y concluyó
que Colombia no estaba obligada a entregar a Víctor Raúl Haya de la Torre a las
autoridades peruanas.
Para el momento en que escribo este artículo el
teniente coronel presidente ahora auto-ascendido a comandante en jefe, no se ha
referido directamente al tema del asilo otorgado por la Santa Sede a Nixon
Moreno. Pero no puede descartarse que en cualquier momento, llevado por la
soberbia que le caracteriza, se lance a proferir improperios contra el Vaticano
similares a los que le dedicó recientemente a los Estados Unidos, a su gobierno
y a su Embajador en Caracas. Tampoco
puede descartarse que en un arrebato de
cólera como los que le vienen con frecuencia, decida expulsar al Nuncio
Apostólico.
Si esto ocurriera la reacción de la gran mayoría de
los venezolanos no se haría esperar. El teniente coronel presidente quien unas
veces se las da de católico y cuando le conviene dice profesar otras
religiones, no debe perder de vista que la gran mayoría de los venezolanos si
somos católicos. De la misma manera como la sociedad civil venezolana no ha
permitido que el gobierno se meta con sus hijos, tampoco permitirá que se meta
con su iglesia.
www.adolfotaylhardat.net