EL UNIVERSAL
Opinión – 29 de julio de 2009
CIRCO EN LAS MANOS
Adolfo
R. Taylhardat
Gracias
a TELESUR, esa estación de televisión que funciona con el dinero proveniente de
los bolsillos, no solamente nuestros, sino de los todos los ciudadanos de los
países que contribuyen a su sostenimiento y que no es sino un órgano de
propaganda de la revolución del comunismo del siglo XXI, pudimos ver, en
transmisión directa, en vivo, minuto a minuto, el espectáculo circense que
montó el viernes pasado el presidente depuesto Manuel Zelaya en el sitio fronterizo
de Las Manos entre Nicaragua y Honduras.
Allí
vimos al señor Zelaya, con su sombrero de ala ancha que parece que no se lo
quita ni para bañarse, con su bigote que le da un aspecto de charro mexicano al
estilo de “Juan Charrasqueado”, protagonizar una comedia mediática que duró un
día completo, con un teléfono celular pegado en el oído, ofreciendo a diestra y
siniestra entrevistas telefónicas para estaciones
de radio y canales de televisión. Entre esas entrevistas vimos y escuchamos la
que le hizo la CNN que durante más de media hora lo interpeló sobre todos los detalles de su descabellado
proyecto de ingresar en Honduras.
A
todas estas, la locutora de TELESUR relataba cada paso, cada movimiento de
Zelaya, como si fuera un partido de foot ball o de base ball. CNN retransmitía
ininterrumpidamente todo lo que salía por TELESUR y GLOBOVISION, a su vez lo
que transmitía CNN. De pronto, seguramente para proteger la exclusividad de la
transmisión de TELESUR, CONATEL le prohibió a GLOBOVISION transmitir las
imágenes de TELESUR difundidas por CNN. ¡Qué paradoja! CNN si podía
retransmitir a TELESUR, pero GLOBOVISIÓN no podía retransmitir ni siquiera las
imágenes de TELESUR retransmitidas por CNN.
Luego
que descendió del vehículo blanco que lo transportó al lugar, rodeado de una
multitud de periodistas que no perdían la oportunidad para recoger cada palabra
y cada gesto suyo, Zelaya se desplazó, pasito a pasito, hacia la frontera
binacional cerrada y protegida con una “cadena oxidada” según
reportaron los medios. Finalmente Zelaya,
en medio de ese despelote, logró llegar hasta la cadena y con gesto de triunfo la
levantó como si fuera un trofeo y puso pié en lo que él pensaba era territorio
hondureño. Ese gesto originó una ovación de sus acompañantes celebrando que el
presidente depuesto había logrado su propósito de regresar a su país.
Lo
que Zelaya y sus seguidores parecían ignorar es que en las fronteras entre los
países siempre hay un espacio, una franja de seguridad que es “territorio de
nadie”. Esto explica también la distancia a la cual se colocaron y se
mantuvieron los soldados hondureños. De modo que Zelaya, donde puso pié no fue
en territorio de Honduras sino en ese territorio de nadie.
De
pronto se supo que el coronel del ejército hondureño responsable de las fuerzas
de seguridad apostadas frente a la frontera deseaba hablar con Zelaya. Esto
provocó gran conmoción y expectativa. Luego
de un prolongado forcejeo para que los acompañantes de Zelaya despejaran camino se logró abrir “un corredor” en cuyo
extremo se plantó desafiante el presidente depuesto, con los brazos cruzados,
supuestamente esperando que el militar hondureño se le acercara. Como este no
se movía, al parecer ignorando que el oficial hondureño no podía penetrar en
territorio de Nicaragua porque podía generar un incidente entre los dos
gobiernos, Zelaya le hacía señas con la mano para que se aproximara. Finalmente Zelaya decidió avanzar
hasta donde se encontraba el militar hondureño.
La
conversación entre los dos personajes, que por su naturaleza delicada debió
llevarse a cabo en privado, se realizó en presencia de una multitud, en su
mayor parte compuesta de periodistas y una batería de cámaras y micrófonos. No
ha trascendido lo que hablaron. Sin embargo, según un periódico de Honduras,
Zelaya, en tono autoritario le ordenó al coronel hondureño: “¡Comuníqueme con el alto mando!” No se sabe si el coronel le respondió con una
trompetilla, pero lo cierto es que luego de ese encuentro Zelaya tuvo que replegarse
y volver a territorio de Nicaragua. Zelaya contaba con que, al encontrarse
frente a él, a los militares hondureños se les iba a “enfriar el guarapo” y se
pondrían de su parte. Pero las instrucciones de la policía nacional hondureña
son terminantes: hacerlo preso si penetra en territorio hondureño. En varias de
sus apariciones mediáticas Zelaya trató de sonsacar al ejército de su país incitándolo
a que cambiaran de bando. Pero los militares de ese pequeño país han dado una
muestra de disciplina y lealtad a la Constitución y al estado de derecho que
debería servir de ejemplo a los militaruchos que dirigen la fuerza armada
venezolana, sobre todo aquellos cuya divisa supuestamente es el honor.
Luego
de lo ocurrido en Las Manos el viernes pasado, creo que no solamente los
militares, sino los dirigentes de ese país y todos los hondureños en general
deben estar todavía más felices de haber hecho lo que hicieron. Hasta a uno,
que no tiene nada que ver con ese problema, le inspira pena ajena ver cómo una persona que ejerció la presidencia protagoniza una payasada como la que tuvo
lugar en Las Manos. Lo mismo puede decirse del papel que ha jugado desde que
llegó a San José de Costa Rica aquella mañana del 28 de junio. El presidente
depuesto quiere emular a su patrón y se ha convertido en un “super star”. No ha hecho sino aparecer en la televisión
repitiendo la misma historia, los mismos argumentos vacíos y fútiles y las
mismas mentiras fraguadas seguramente con el asesoramiento de “este señor” como
llama el presidente Micheleti al teniente coronel presidente de este país
nuestro.
Ese
triste espectáculo mediático circense debería ser motivo suficiente para que
los gobiernos democráticos de la región
dejen de apoyar el retorno de Zelaya al poder.
Adolfo
R. Taylhardat