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Adolfo
R. Taylhardat 11-06-08 Ese refrán que dice "chivo que se devuelve se'snuca", tan común en las mesas de dominó, es muy
sabio. La sabiduría popular nunca se equivoca. En política, quien comete un
error, o peor aún, varios errores seguidos, termina fracasando en su
proyecto, malogra todo su prestigio y pierde el arrastre que podía haber
logrado granjearse en el pueblo. De hecho, esto le está ocurriendo a
Chávez. Siempre he considerado que el principal enemigo de
Chávez no es, como él dice, el imperio -mucho menos somos nosotros, los
disidentes-, sino él mismo. Últimamente ha venido cometiendo pifia tras
pifia. El rotundo fracaso en la mediación para la liberación de rehenes en
manos de las FARC, que ahora se sabe tenía de todo menos de humanitaria, su
empeño en negar las evidencias contundentes obtenidas de las computadoras de
las FARC, son muestras recientes de cómo él mismo ha venido cavando su propia
tumba. Luego del monumental revés que sufrió en el
referendo constitucional del pasado 2 de diciembre, en lo que va del año
Chávez ha tenido que devolverse por lo menos dos veces y dejar en suspenso
igual número de proyectos legales que han suscitado una avalancha de rechazo
en todos los estratos de la sociedad. Primero fue la reforma curricular. Ante el repudio
espectacular que recibió esa propuesta, incluso entre sus propios acólitos,
Chávez no tuvo otra alternativa que recular y ordenar la suspensión de todas
las actividades que a todo meter habían emprendido sus secuaces en todo el
país para ponerla en práctica. Ese fue un gran triunfo de la sociedad
democrática. Los propios estudiantes, las academias, las asociaciones de
padres y maestros, los institutos educativos, las iglesias de diferentes
credos y la población en general, se pusieron en pie de guerra para resistir
a la implantación de ese sistema que perseguía hacer a nuestros niños y
adolescentes un lavado de cerebro de corte fascista. Ahora la tocó a la ley sapo. Ese monstruoso
instrumento legal inspirado en los sistemas de la Gestapo nazi, de la KGB
soviética, de la Stasi de la Ex-República
Democrática Alemana y del G2 cubano, que pretende convertir a cada venezolano
en un espía, también ha suscitado un movimiento global de rechazo. Son numerosas las bien fundamentadas opiniones de
juristas y expertos en derechos humanos que han advertido a los venezolanos
de los efectos que tendría la implantación del sistema de inteligencia y
contrainteligencia contemplado en esa ley. También en el ámbito internacional
ha cundido la alarma ante la posibilidad de que la población venezolana quede
sometida a un régimen en el cual, como en la Alemania nazi, los hijos serían
obligados a denunciar a sus padres, los padres a sus hijos, los hermanos a
sus hermanos, los amigos a sus amigos. Un auténtico régimen de permanente
sospecha, de constante terror al cual quedaríamos sometidos todos los
venezolanos. Ante la oleada de rechazo que ese instrumento,
promulgado dentro de los poderes omnímodos que le otorgó la Asamblea Nacional
cuando dictó la Ley Habilitante, a Chávez no le ha quedado más remedio que
dar vuelta atrás una vez más. Reconociendo que hay muchos aspectos de la misma
que son "indefendibles" y que la Ley "se ha excedido en
algunos apartados y se debe corregir", Chávez ordenó la retirada de la
Ley y la creación de una Comisión para que la revise y redacte de nuevo.
Según el propio Chávez, la equivocación "no es pequeña", y
supuestamente estaría relacionada solamente con el artículo 16 en el que se
obliga a las personas naturales y jurídicas, o de derecho público y privado,
nacionales y extranjeras, así como a los órganos de la administración
pública, a cooperar y suministrar información cuando sea solicitada.
"¿Si una persona se niega a cooperar lo vamos a meter preso? Es una
extralimitación. Por lo tanto, yo decidí que vamos a corregir la ley de
inmediato y he nombrado una comisión para corregir y redactarla de otra
manera. Donde nos equivoquemos hay que aceptarlo y no defender lo
indefendible" y agrega: "Aquí no habrá atropellos para nadie",
y destacó que "nadie puede ser obligado a declarar si no quiere". Sin embargo, insiste -y he aquí el peligro-, que
la ley "no es mala, pero tiene elementos que utiliza el adversario para
generar miedo (…) tendremos mucho cuidado con la redacción final de esa ley (... ) Una campaña de terror está desatada por Internet,
por los mensajitos de texto, por la televisión, por la prensa, la radio, el
rumor: que viene la dictadura. Aquí no hay dictadura (…) aquí no se obligará
a nadie a decir más allá de lo que quiera decir". Esta es la típica actitud de Chávez. Por una
parte, trata de "voltear la tortilla". Quien generaría el miedo no
sería su régimen sino "el adversario", es decir, la oposición
democrática. Como en el caso de la reforma curricular, quienes nos oponemos a
esa ley que pretende institucionalizar el espionaje somos vende-patrias,
agentes de la CIA, títeres del imperialismo. Por la otra, con su acostumbrada
mentalidad de militar fracasado, se repliega, pero sólo para reponer fuerzas
y contraatacar. Lo mismo que está haciendo con la reforma Constitucional y
con la reforma curricular lo hará con la ley de espionaje. Una vez más la consigna debe ser no bajar la
guardia. Hay que continuar con la denuncia, sobre todo en el ámbito
internacional, porque son muchos los países que han sufrido regímenes de esa
naturaleza, son muchos los pueblos que han tenido que soportar sistemas
similares y son muchos los gobiernos que ya han manifestado su preocupación
ante este resurgir del nazismo. En esta gesta seguramente contamos con la
solidaridad de esos países. |
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