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Caracas, miércoles 14 de marzo, 2007 |
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Adolfo R.
Taylhardat La
semana pasada el régimen chavista mostró una vez más que no tiene nada que
envidiar a otros regímenes dictatoriales que han existido o que todavía
perduran en otras latitudes. La reacción típica de todo tirano es negar que
su gobierno esté cometiendo violaciones de los derechos humanos y rechazar
cualquier iniciativa que tenga como finalidad realizar una constatación in
situ de las denuncias de tales violaciones. El
miércoles pasado, en el marco de su 127º período de sesiones celebrada en
Washington la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA escuchó
las denuncias formuladas por varias organizaciones no gubernamentales
venezolanas. Las organizaciones participantes fueron: Espacio Público, el
Centro de Derechos Humanos de la UCAB, Cofavic, la Vicaría de Derechos Humanos de Caracas, el
Observatorio Venezolano de Prisiones y Provea. Las
presentaciones que hicieron los representantes de esas organizaciones sobre
la situación de defensoras y defensores de derechos humanos en Venezuela, la
seguridad ciudadana y los grupos para-policiales en Venezuela, la situación
del derecho a la libertad de expresión en Venezuela, la situación de la
institucionalidad, garantías y defensa de los derechos humanos en Venezuela,
la impunidad estructural frente al crimen en general y frente a las
violaciones a los derechos humanos, entre otros, provocaron una reacción
desmedida del representante de Venezuela para los Derechos Humanos. En
el mejor estilo de los representantes de las peores dictaduras acusó a la
CIDH de estar parcializada y de tergiversar informaciones sobre el respeto a
los derechos humanos en el país. Es característico del culpable que se ve
desenmascarado recurrir a la diatriba y a la descalificación. De eso tenemos
un rollo bien largo en el país. Pero en este caso, no sabemos si en un rapto
de adulancia al "supremo" o si porque cumplía instrucciones,
definitivamente se le pasó la mano al representante venezolano. Una vez más
queda en evidencia que quienes actúan en la escena internacional en
representación del gobierno de la robolución son
simples improvisados que no saben medir las consecuencias de sus
descomedimientos. Además
de calificar a la CIDH de "sesgada", arremetió contra los
defensores venezolanos de los derechos humanos alegando que sus denuncias
estaban basadas en informaciones de prensa las cuales, según él, "tienen
una posición política en contra del gobierno". Por
supuesto, la alusión al consabido y recurrente tema del 11 de abril no podía
faltar. El representante venezolano acusó a la CIDH de negligente porque
supuestamente "no le otorgó al presidente Chávez y a sus ministros las
medidas cautelares de protección, cuando fueron solicitadas el 11 de
abril". Cabe preguntar, ¿efectivamente hubo tal solicitud en aquel
momento? En
cambio, según el representante venezolano, cuando "los dueños de
comunicación social inventan cualquier presunta persecución, las medidas
cautelares le son otorgadas por la Comisión en menos de 24 horas". Esta
desconsiderada actitud del representante venezolano obligó al presidente de
la CIDH a reaccionar con justificada firmeza: "Es la primera vez que
escucho en una audiencia de la Comisión señalamientos tan fuertes contra la
Comisión Interamericana. Nadie hasta ahora ha tratado así a la Comisión
Interamericana que yo sepa y me pregunto por qué el gobierno actual de
Venezuela trata así a la Comisión Interamericana" y calificó las
agresiones del representante venezolano como una "falta de respeto a un
órgano principal de la OEA y a las siete personas que la integran".
Recordó que en una oportunidad Chávez trató de "eunucos
intelectuales" a los integrantes de la CIDH y exhortó a Venezuela a
brindar un "trato respetuoso" al organismo para que pueda cumplir las
obligaciones internacionales que tiene asignadas. "Me extraña que se
venga a cuestionar las facultades constitucionales que tiene la Comisión en
función de la Carta de la OEA para examinar la situación de los derechos
humanos en los países miembros de la organización", agregó el presidente
de la CIDH. Al
final de su reunión la CIDH emitió un comunicado de prensa en el cual expresa
su pesar por el hecho de que el gobierno venezolano haya rechazado la visita
de una misión de ese órgano y que posteriormente haya manifestado aceptarla
pero poniendo condiciones para su realización. La CIDH recuerda que desde
mayo del 2002 viene intentando infructuosamente conseguir la anuencia de las
autoridades venezolanas para visitar el país a fin de cumplir su función de
verificación y al mismo tiempo tener oportunidad de dialogar con las
autoridades y con los diversos sectores de la sociedad civil venezolanas. El
comunicado de la CIDH destaca que en los últimos años "ha podido
observar un deterioro paulatino del Estado de derecho que ha comprometido el
pleno respeto de los derechos humanos". Entre los aspectos que generan
preocupación la CIDH destaca "las denuncias sobre falta de independencia
de los poderes del Estado y la creciente concentración de poder en el
Ejecutivo Nacional; las restricciones a la libertad de expresión; el grado
extremo de polarización de la sociedad y la consecuente dificultad de
sostener un diálogo constructivo y tolerante entre el Gobierno y la sociedad
civil; la existencia de un ambiente hostil para el libre ejercicio de la
participación política en disenso y para la actividad de monitoreo de
organizaciones de derechos humanos y la impunidad en casos relacionados con
violaciones de derechos humanos". Razones de espacio no nos
permiten transcribir otras constataciones igualmente contundentes de la CIDH,
pero recomendamos la lectura del comunicado en el sitio http://www.oas.org/OASpage/press_releases/press_releases.asp?sCodigo=CIDH-13-07 |
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