LAS
ARMAS BIOLÓGICAS
Por Adolfo R. Taylhardat (*)
La
posibilidad de emplear agentes productores de enfermedades (virus, bacterias,
etc.) como armas en conflictos militares se remonta muy lejos en la historia.
El primer caso conocido ocurrió en el sitio de Caffa (hoy Fedosiya en Ukrania)
cuando las huestes mongolas lanzaron cadáveres infectados de plaga por encima
de los muros de la ciudad defendida por ejércitos genoveses. Esta acción puso
en evidencia desde entonces el carácter incontrolable de ese tipo de
instrumento de guerra. A su regreso a Europa los barcos genoveses transportaron
el bacilo que desencadenó la tristemente célebre epidemia de la Muerte Negra en
ese continente.
Durante
el siglo 20 ningún país ha empleado exitosamente agentes biológicos con fines
militares. Sin embargo, últimamente se
ha hablado mucho de las armas biológicas y se acusa a Iraq de haberlas
incorporado en sus arsenales militares. Esta acusación ha servido como pretexto
para prolongar el implacable bloqueo de que es objeto ese país.
El peligro real que representan las Armas Biológicas y la posibilidad
de que esas armas lleguen a ser empleadas en un conflicto o utilizadas en actos
de terrorismo justificadamente ha incrementado la preocupación internacional.
La inquietud fundamental emana de lo fácil que sería fabricar un arma
biológica. En su producción básicamente se utilizan microorganismos, (bacterias
o virus) o toxinas. Comparativamente, los agentes biológicos pueden ser miles
de veces más potentes y letales que los agentes empleados en las armas
químicas. También pueden causar mas muertes que una explosión nuclear. Además,
como en el caso del sitio de Caffa, mencionado al comienzo de este artículo,
pueden llegar a afectar poblaciones no involucradas en el conflicto.
Curiosamente, Venezuela tiene el "raro privilegio" de que
uno de los virus susceptibles de servir como precursor para las armas
biológicas es el conocido como Encefalitis Equina Venezolana (VEE
encephalomyielitis) figura entre los posibles precursores de armas biológicas.
Para producir armas biológicas se requiere el dominio de la
microbiología y de los procesos de fermentación. Pero estos conocimientos se
vuelven cada día más asequibles. Es posible cultivar agentes biológicos con
métodos parecidos a los que se usan en la elaboración de productos biológicos
comerciales. Los fermentadores empleados para cultivar los agentes
biológicos son los mismos que se utilizan en la industria de la cerveza, en la
elaboración de alimentos, etc. Los agentes biológicos pueden incluso ser
cultivados utilizando la vidriería que se usa comúnmente en cualquier
laboratorio. En definitiva, la tecnología y los instrumentos para producir
armas biológicas están al alcance de cualquier país e incluso de cualquier
persona. De allí que se diga que el arma biológica es "el arma nuclear de
los pobres".
La comunidad internacional le salió oportunamente al paso a ese
peligro con la "Convención sobre la prohibición del desarrollo, la
producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y
toxínicas y su destrucción", en vigor desde 1975. Esta Convención, de la
cual son parte mas de 150 países, entre ellos Venezuela, prohibe desarrollar,
producir, almacenar, adquirir o retener, agentes microbianos u otros agentes
biológicos o toxinas, "en cantidades que no estén justificadas para fines
profilácticos, de protección, u otros fines pacíficos", y armas, equipos o
vectores "destinados a utilizar esos agentes con fines hostiles o en
conflictos armados". La Convención no afecta el derecho de los países a
impulsar la investigación científica ni la utilización de agentes
bacteriológicos y toxinas con fines pacíficos o como instrumento para promover
el desarrollo económico y tecnológico.
Hasta ahora la Convención ha cumplido adecuadamente el propósito para
el cual fue firmada. Pero adolece de una grave debilidad que consiste en la
ausencia de medios para asegurar su cumplimiento e impedir que sus
disposiciones sean violadas. Desde hace algún tiempo se adelantan esfuerzos
para crear un mecanismo de verificación. Ese mecanismo necesariamente deberá
preservar el delicado equilibrio entre, por una parte, el derecho de los países
de acceder a la biotecnología y la ingeniería genética para desarrollar sus
capacidades tecnológicas en ese campo y solucionar los problemas de salud y
alimentación de su población, y, por la otra, el interés de la comunidad
internacional de impedir la fabricación de armas biológicas. Una Conferencia
Internacional convocada por el Centro Internacional de Ingeniería Genética y
Biotecnología que tendrá lugar en Trieste en Junio próximo analizará la función
del CIIGB como institución científica multilateral dedicada a la difusión del
conocimiento de la biotecnología y la ingeniería genética y el papel que puede
jugar en los esfuerzos de la comunidad internacional para asegurar que esas
tecnologías sean utilizadas exclusivamente con fines pacíficos.
(*)
Ex - Representante de Venezuela en la Conferencia de Desarme de Ginebra.
Presidente de la Junta de Gobernadores del Centro Internacional de
Ingeniería y Biotecnología. E-Mail: TAYLHARDAT@compuserve.com