Anti-imperialismo fracasado
Adolfo R.
Taylhardat
Anti-imperialismo,
anti-norteamericanismo, y anti-neoliberalismo son ejes centrales de la retórica
de Chávez.
Internacionalmente
pretende capitalizar el hipócrita sentimiento anti-norteamericano abundante en
el mundo que se ufana de detestar a los Estados Unidos al tiempo que anhela beneficiarse
de los valores y de la calidad de vida alcanzados por la sociedad capitalista.
También
internacionalmente intenta revivir la fracasada guerra fría que enfrentó al Este
con el Oeste del planeta, suplantándola con una confrontación del Sur con el
norte, y mas específicamente con Norteamérica, en la cual él se ofrece como
salvador del mundo.
Internamente
utiliza esa retórica como elemento de cohesión interna, pretexto para
militarizar el país e instrumento para lavar la mente a los ingenuos
haciéndoles creer que es inminente una invasión norteamericana para apoderarse
de nuestras riquezas naturales.
Internamente
emplea también el anti-norteamericanismo como herramienta electoral. Cuando en
sus apariciones públicas como jefe de Estado -en las cuales le está prohibido hacer
propaganda electoral- arremete contra el “imperio”, está haciendo campaña
porque según la consigna chavista el candidato a derrotar electoralmente es Bush
y cualquiera que lo enfrente es un títere de Washington. Veremos cómo esa consigna
arreciará contra Manuel Rosales.
Pero
la retórica anti-imperialista ha fracasado. Internacionalmente no ha tenido impacto.
Más bien ha provocado malestar en algunos gobiernos. Cuando en sus giras turísticas
ha lanzado ataques contra los Estados Unidos, sus anfitriones, discretamente,
para no ofender al munífico “aliado estratégico”, pero terminantemente, han
marcado distancia. Es notorio el caso del gobierno de Vietnam que tuvo que desasociarse
públicamente de las embarazosas
expresiones anti-norteamericanas del visitante. Veremos qué ocurrirá en China
cuando lance sus ataques contra uno de los principales socios comerciales de
ese país que suplantó la economía comunista con su propia versión de la
economía capitalista.
El
anti-imperialismo de Chávez tampoco ha calado aquí. El venezolano, rebelde por
naturaleza, no acepta que le laven el cerebro. Ni siquiera los adulantes
incondicionales que lo rodean se comen el cuento de que el “imperio” nos va a
invadir. Seguro que ni el mismo Chávez lo cree. Pero es un buen pretexto para
seguir atizando el anti-neoliberalismo.
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