EL UNIVERSAL
Opinión – Miércoles 16 de septiembre de 2009
AL SUR DE LA FRONTERA
Adolfo R. Taylhardat
South
of the Border. Así se llama el documental que por encargo del teniente coronel
presidente ha producido Oliver Stone. No lo he visto y no tengo intención de
verlo. No se equivocó el mismo Stone cuando dijo que esa película no será
bienvenida en Venezuela. Porque a nadie, salvo quizás a los fanáticos y
serviles adulantes, le interesará ver
esa apología del narcisismo que constituye ese documental. Creo que el autor
del film se equivocó de nombre y ha debido titularlo “NARCISO” porque si algo
puede decirse a favor de Oliver Stone en esta ocasión es que ha
contribuido a confirmar el diagnóstico que muchos psiquiatras han hecho del gerifalte
cuando han identificado en él evidencias irrebatibles de narcisismo.
Si
no, ¿qué otra explicación tiene que alguien pague una inmensa suma de dinero
(no sabemos cuánto, pero deben haber sido varios millones de dólares
provenientes de los recursos del estado, o lo que es lo mismo, del bolsillo de
todos nosotros) para mandarse a hacer, a su gusto y a su medida, una película
destinada a exaltar su vanidosa personalidad?
Las circunstancias que rodearon la “première” del documental en
Venecia no pueden ser más elocuentes. Veamos la descripción que hace la
corresponsal de la Associated Press, Colleen Barry, de ese evento:
“El presidente de Venezuela recibió una acogida de estrella de cine en
el Festival de Cine de Venecia cuando caminó por la alfombra roja acompañado
del director Oliver Stone para la première del documental “Al sur de la frontera”. Cientos de admiradores, algunos gritando “¡presidente!
¡presidente ! estaban concentrados el lunes fuera del
Casino cuando llegó el líder. Unos cuantos ondeaban banderas y una pancarta que
decía “Bienvenido, presidente”. Chávez les tiró flores a la multitud y se ponía
la mano sobre el corazón. De pronto le
quitó la cámara a uno de los fotógrafos y se tomó una foto él mismo. La
seguridad fuera del Casino había sido reforzada antes de su llegada con
policías militares que registraban los bolsos”
Esos supuestos entusiastas admiradores fueron llevados, unos desde Venezuela y otros
reclutados en las Embajadas venezolanas en el exterior. Me consta que una
funcionaria de la Embajada en Teherán viajó a Venecia con todos los gastos
pagados.
Como si no bastara eso para satisfacer las ansias de figuración del
teniente coronel presidente, Stone lo sentó a su lado durante la entrevista que le hicieron los periodistas
y se dedicó a elogiar todavía más a su mecenas: “Es un tipo que todo el mundo
debería conocer. Es la estrella de la película”. Para colmo, el narciso se lo cree, al punto de
que en su aparición en el “balcón del pueblo” al regreso de este último
periplo, al terminar su acostumbrada perorata, en un gesto digno de un artista
del celuloide se quitó la corbata y la lanzó a sus “fans” que a empujones y
golpes se disputaron el trofeo. Menos mal que este primer acto de “strip” no
paso de allí, pero no puede descartarse que en futuras actuaciones emule a
aquel miembro de su entorno que se ganaba la vida exponiendo en público sus
partes íntimas.
No soy psiquiatra. Ni siquiera aficionado a esa interesante rama de la
ciencia. Pero, como dije al comienzo, todo lo anterior no hacer sino confirmar
que como ha dicho un especialista del ramo, estamos en presencia de una personalidad
neurótica histérica de tipo narcisista.
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