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Caracas, miércoles 28 de noviembre, 2007 |
AL ROJO VIVO
Adolfo R. Taylhardat
Chávez dijo que colocó las relaciones diplomáticas
con Colombia en el congelador. Más bien las metió en un alto horno y en este
momento han alcanzado temperaturas de rojo vivo.
También, refiriéndose al “¡Por qué no te callas!”, que le profirió
el Rey Juan Carlos, dijo que al monarca español se le habían ido los tapones. Pero
los acontecimientos que ha protagonizado en los últimos días revelan que a quien
se le fueron de verdad los tapones es a él.
En dos artículos anteriores me referí al tema de la
“mediación humanitaria” emprendida por Chávez. El primero lo titulé “CHÁVEZ EN
SU BERENJENAL” (EU, Opinión, 12-09-07) El segundo llevó por título “MEDIACIÓN
MEDIÁTICA” (EU Opinión, 19-09-07). En ambos reconocí la importancia de esa
gestión benefactora pero también expresé serias dudas acerca del resultado que
podría alcanzar. Cuando pronostiqué el fracaso de la mediación de Chávez nunca
me imaginé que el desenlace sería el que hemos visto.
El pasado viernes el Presidente Uribe anunció su
decisión de poner fin a la mediación de
Chávez. Los motivos de esa determinación fueron consignadas en un Comunicado
oficial emitido el sábado 24. Ese documento es sumamente revelador. Es todo un
compendio de los desatinos de Chávez que condujeron a
despojarlo de su función como mediador.
El Comunicado comienza señalando que desde el inicio
el Presidente Uribe sabía el riesgo que corría autorizando a Chávez a llevar a
cabo esa tarea, pero que “prefirió esa opción a negar su intervención so
pretexto de la preocupación política”. Es más, en su alocución del domingo por
la noche el Presidente Uribe reveló públicamente lo que se sospechaba: fue el
mismo Chávez quien le pidió que le permitiera emprender la gestión mediadora.
El Comunicado explica que durante el encuentro sostenido
en Santiago de Chile el Presidente Uribe, ante testigos, le dejó muy claro a
Chávez que no le permitiría que se reuniera con Marulanda porque sería necesario
establecer una zona de despeje que su gobierno no está dispuesto a autorizar. Aún
así, Uribe le dijo a Chávez que estaba dispuesto a permitirle que se reuniera
con Marulanda en Colombia, si “previamente las FARC liberan unos secuestrados,
con el compromiso de liberarlos a todos”. “Esta propuesta - dice el Comunicado -
se entrego como ‘herramienta de negociación’ para que Chávez pudiera avanzar en
la negociación” en el entendido de que debía “ser manejada con reserva”.
Sin embargo, en su afán de figuración y protagonismo,
Chávez hizo público en París el contenido de esa conversación. “De allí que el
gobierno de Colombia se sorprendiera”, dice el Comunicado en lenguaje netamente
diplomático, que, traducido al lenguaje común significa que el comportamiento de Chávez causó
justificada irritación.
Pero las imprudencias de Chávez no se quedaron allí.
El Comunicado colombiano dice que durante
el encuentro en Santiago de Chile el Presidente Uribe le explicó a
Chávez que “toda gestión de paz se consulta con la Fuerza Pública, a fin de no
interferir en la política de seguridad democrática”. “El Presidente Uribe – dice el Comunicado –
explicó al presidente Chávez que siempre mantiene el buen cuidado para que
tales decisiones no afecten la motivación de la Fuerza Pública”
Sin embargo, Chávez respondió que hablaría con los
generales colombianos. El Presidente Uribe le dijo a Chávez que eso no lo podía
aceptar y le explicó las razones, con lo cual pensó que el tema había quedado
“definido y cerrado”. A pesar de ello, Chávez sostuvo desde Francia una
conversación telefónica con el General colombiano Mario Montoya, Comandante del Ejército Nacional y, por su parte, la Senadora Piedad Córdoba llamó varias
veces al General Freddy Padilla de León, Comandante General de las Fuerzas
Militares colombianas, habló con un vocero de la Iglesia Católica para proponer
en nombre de Chávez “que el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana
fuera a Caracas a hablar con él” y llamó a periodistas y a varias
personalidades del país, todo esto sin conocimiento del Gobierno colombiano. El Presidente Uribe conoció de esas llamadas
telefónicas por información que le suministraron los generales Padilla de León
y Montoya,
El Comunicado concluye señalando:
“El Gobierno de Colombia, al
conocer los hechos, apreció que no fue casual la llamada de la Senadora Piedad
Córdoba que desembocó en la conversación telefónica del Presidente Chávez con
el General Montoya, que se apartaba de lo hablado en Santiago de Chile y
desconocía el conducto institucional colombiano. El Gobierno de Colombia no
puede permitir que terceros involucren a militares colombianos en el tema,
porque atenta contra nuestras tradiciones democráticas de unidad en las Fuerzas
Armadas.”
Estos hechos fueron “las gotas que desbordaron el
vaso” de la paciencia del gobierno colombiano. Desde el inicio de la gestión
mediadora se acumularon hechos y situaciones que hacían presagiar el fracaso de
la gestión mediadora.
El primero de ellos es el hecho mismo de haber asumido Chávez directamente esa delicada
tarea. Un jefe de Estado no puede arrogarse personalmente una gestión
diplomática de esa naturaleza. Para eso existen una Cancillería, un Canciller y
unos Embajadores. Pero ya sabemos que en este gobierno de la llamada quinta
república, a diferencia de lo que ocurría durante la democracia, la Cancillería no juega ningún papel, el
Canciller no cuenta para nada y mucho menos los Embajadores.
Otro factor es el desprecio olímpico de Chávez a las
reglas fundamentales que deben regir toda gestión diplomática como son la
discreción, la prudencia, el tacto, la paciencia y por encima de todo el don de
gentes. Conociendo al personaje, su incontinencia verbal y su afán de
figuración no era difícil prever que
esas características inevitablemente coartarían el resultado
perseguido con la mediación.
Otro factor, y esto lo señaló el Presidente Uribe en
su alocución del domingo por la noche, consistió en que a Chávez no le
interesaba tanto la liberación de los rehenes como los objetivos políticos que perseguía.
En lo interno buscaba acrecentar su popularidad para asegurarse el triunfo en
el referendo de diciembre próximo. En lo externo, presentándose como el protagonista
de una iniciativa humanitaria, perseguía distraer a la opinión pública
internacional de los alcances de su propuesta
de modificación de la Constitución Nacional con la cual pretende convertirse
en presidente vitalicio e implantar en Venezuela un régimen neocomunista.
Además, y esto podría ser lo más grave y delicado,
pareciera que participando en la mediación la Senadora Piedad Córdoba buscaba catapultarse
como futura candidata a la presidencia de Colombia. Retratándose con Chávez en
esa gestión Piedad Córdoba recibió una amplia exposición en el escenario
nacional colombiano y en el escenario internacional lo que se tradujo en un
rempujón colosal en sus aspiraciones presidenciales que seguramente recibirían oportunamente
un generoso apoyo financiero proveniente del dinero de los venezolanos. Esta
estrategia le permitiría a Chávez colocar en la presidencia de Colombia a una figura
afín a su proyecto político y asegurar la incorporación de Colombia a la
“Federación Andina” que se propone establecer. A esto se refirió también el
Presidente Uribe en su alocución del domingo en la noche cuando denunció las
ambiciones expansionistas de Chávez, señaló que lo que le interesa a Chávez es
contribuir a la instauración de un gobierno con influencia del terrorismo en Colombia
y reveló la conversación de Piedad Córdoba con los guerrilleros presos en los
Estados Unidos durante la cual les habló de la instauración de un gobierno de
transición en Colombia. "Eso
nos da el derecho a los colombianos a interpretar que la mediación a la cual lo
invitó a usted la senador Córdoba, de acuerdo con las actitudes de ella, estaba
más interesada en posibilitar un gobierno con influencia del terrorismo en
Colombia, que en ayudarnos a superar la tragedia de los secuestrados y a
conseguir la paz", afirmó el Presidente Uribe en su alocución del domingo
en la noche.
¿Qué necesidad tenía Chávez de agregar este
humillante regaño al que ya había
recibido del Rey Juan Carlos en Santiago de Chile como consecuencia de
su comportamiento extravagante?
Este es el precio que pagamos los venezolanos por
tener como Jefe de Estado a un personaje que irrespeta y desprecia las
formalidades que un gobernante está obligado a observar en su actuación
internacional. Lo ocurrido con la gestión de mediación humanitaria evidencia
una vez más que Chávez no ha internalizado el hecho de que es el Presidente de
un país, que está obligado a comportarse como tal honrando los compromisos,
respetando a sus colegas y sometiéndose a las normas que impone la
práctica diplomática tanto en su trato
hacia sus pares como en la conducción de las relaciones internacionales.
Nadie puede regocijarse del fracaso de la gestión de
mediación humanitaria emprendida por Chávez pero sin lugar a dudas ese
descalabro resulta de la improvisación, de la vocinglería, de la indiscreción,
de la precipitación, de la imprudencia, que le caracterizan.
Como dice el refrán
“no hay mal que por bien no venga”. Todo este embrollo ha servido para
desvelar, como lo denomina el Presidente Uribe, el proyecto expansionista de
Chávez que no es otro que extender al resto del continente su proyecto político
neo-comunista. Y esto no es invento de Uribe. Lo hemos venido denunciando desde
hacer tiempo y además, ahora ha quedado expuesto en blanco y negro en el artículo
153 de la propuesta de modificación de la Constitución sobre el cual los
venezolanos debemos pronunciarnos el próximo domingo. Ese artículo reza
textualmente: “La República promoverá la integración, la Confederación y la
unión de América Latina y el Caribe a objeto de configurar un gran bloque
regional de poder político, económico y social”.
Para ello Chávez
cuenta con lo que Uribe denomina “el poderío del presupuesto” que no es otra
cosa que disponer de los recursos del Estado y de todos los venezolanos para
llevar a cabo su política petro-imperialista.
Adolfo R. Taylhardat