LA ASAMBLEA DE LA OEA
Adolfo
R. Taylhardat
Cuando
escribo este artículo todavía no se conocen los resultados de la XXXII Asamblea
de la OEA reunida en Barbados. Sin embargo, no quiero dejar pasar esta
oportunidad para referirme a algunos aspectos relacionados con ese importante
evento del sistema interamericano.
La Asamblea Extraordinaria realizada a raíz de los
acontecimientos de abril pidió al Consejo Permanente de la OEA que presentara
en la Asamblea de Barbados un “informe global” sobre la situación venezolana.
Adelantándose al informe del Consejo, Venezuela
presentó un documento titulado “ACTUAL SITUACIÓN EN VENEZUELA” (CP/doc.3616/02)
en el cual se expone la versión del gobierno sobre aquellos acontecimientos. A
nadie sorprende que allí se ofrezca un enfoque tergiversado de las
circunstancias que dieron origen a lo ocurrido el 11 de abril y una relación
adulterada de los hechos y sus secuelas.
El informe gubernamental reitera la consabida tesis
oficialista de que el 11 de abril hubo un golpe de Estado. Ello persigue
consolidar la matriz de opinión que, por desconocimiento de la verdad,
prevalece internacionalmente. La única verdad es que el 11 de abril el pueblo
venezolano, fiel a su tradición republicana,
haciendo uso del derecho que le otorga el artículo 350 de la
Constitución, se movilizó para desconocer un régimen que contraría los valores, principios y garantías democráticos y
menoscaba los derechos humanos en abierta violación de la Carta Democrática
Interamericana.
El Informe
gubernamental afirma que la oposición venezolana, “en su insensata
conducta recurre hasta el expediente
del racismo para descalificar a los sectores populares y sus líderes. Y
agrega: “El racismo ha logrado lamentablemente, en Venezuela ensanchar su
clientela”
Esta acusación de racismo pretende descalificar a la oposición, persigue confundir la opinión pública internacional e intenta ocultar el hecho de que la profunda división prevaleciente hoy día en la sociedad venezolana ha sido creada por el gobierno de Chávez cuando instiga al odio de las clases menos favorecidas hacia el resto de la sociedad y promueve la agresión verbal y física de sus bandas paramilitares contra la clase política, la sociedad civil y los medios. En Venezuela no hay, ni ha habido nunca racismo. Lo que hay es una fractura de la sociedad provocada y alimentada desde las alturas del poder. Cuando el propio Presidente y el Vicepresidente advierten que en nuestro país puede estallar una guerra civil están evidenciando que esa opción está presente en la estrategia de la “revolución bolivariana”.
Esta explosiva polarización preocupa no solo a nosotros, los venezolanos demócratas, sino también a muchos gobiernos. Por eso los Estados Unidos han propuesto a la Asamblea de la OEA la adopción de una resolución mediante la cual, en virtud de la Carta Democrática Interamericana, se proporcionaría a Venezuela asistencia para el fortalecimiento y la preservación de la institucionalidad democrática. Ojalá se apruebe.
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